enero 23, 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR, EL IMPERIO DE LO TÁCITO

- ADVERTENCIA: spoiler a la vista - 

 Esta película me la veo el día de la posesión de Donald Trump y 15 días después de la muerte de mi padre. Hay helada en Washington. Las redes sociales enloquecen. Los medios insisten en que no hay jolgorio, en que el acto es una puta bajoniada. Hay linchamiento digital. Protestas en las calles. Gina Parody amenaza con armar una quebrazón de huevos a las puertas del Uberrimo. Carolina Sanín se hace la digna en su caso con los Andes. 


También es el último día de lluvias en Medallo. Los pronósticos colombianos hablan de días de mucho sol, por fin, a finales de enero. 6 meses de invierno es más que suficiente. ¿diciembre lluvioso? ¿Enero lluvioso? Por favor. Pa que lloviera tanto, algo muy feo y muy grosso se tuvo que estar lavando energéticamente en este lugar de la Mancha. 


 ¿Qué pasa? Manchester By The Sea, (a partir de este momento MBTS), es una película sobre el duelo a dos tiempos. Su relato habla del duelo recién estrenado y del duelo rancio, el duelo luego de muchos años después de haber sido asimilado. 


 Por un lado es el duelo de un adolescente con la muerte de su padre, 8 días después del deceso, y por otro lado el duelo de un padre muchos años después con esa muerte que no tiene nombre, la muerte de sus hijos, y me perdonan por el spoiler. En todo caso, el relato habla de un solo duelo, que en todos los casos es el mismo. Solo que muta. 


El duelo se modifica, es distinto de persona en persona, y de semana en semana, de año a año. Qué Dios nos coja confesados cuando un miembro de la clase media, con todas las herramientas y todos los recursos conceptuales al alcance de la mano, decide no llevar de una manera civilizada sus duelos y sus dolores. Nadie querrá estar cerca de una lesbiana ricachona si ésta decide separarse de su esposa y no ir donde el psicólogo. O hacer yoga. O sembrar un jardín entero de suculentas. O viajar por el mundo: Mares de sarcasmo e ironía habrán de chicotear a quienes la rodean. Sin embargo, con la clase obrera es diferente. La clase obrera no está obligada a sostener la caña de que el psicoanálisis en este mundo no ha fracasado. 


 Y es que de eso se trata MBTS. De salirse de ese pensamiento dogmático, habilmente redescubierto por Gilles Deleuze, y decir que el realismo social norteamericano está aquí para decir que los obreros del mundo no tenemos por qué estar obligados a superar nuestro dolor. 






 Los obreros del mundo no tenemos por qué expresarnos y respetar los rituales funerarios, cualesquiera que sean. Los obreros gringos somos lo más parecido a la realeza británica y hemos de continuar esta vida con el dolor atrancado en la garganta o en el pecho, ó como nos salga de los cojones: tal vez armando riñas en un bar, dándole en la jeta al primero que nos mire mal luego de 5 cervezas. (En el caso colombiano, un machetazo y tumbarle la cabeza a alguien). ¿Qué es esa mierda de un velorio? 


Por favor. Eso no cura nadie, tal vez a usted. Pero, a mí, no me ha hecho sentir mejor. El muerto se muere y listo se acabó la historia. Quedan los recuerdos, pero son tan personales. No me interesa compartirlos contigo. El rito es colectividad, mi dolor es individualidad. Hay una escena en MBTS en la que el tío le dice al sobrino si no quiere ver el cadáver de su padre muerto. Entonces el sobrino le dice: - No quiero verlo, me da locha. - Deberías verlo - Le dice el tío. - Para qué no tiene sentido, ya se murió. Es un cadáver y punto. 


 Esa última frase dice mucho. Dice que prefiere el recuerdo de un papá vivo, de un papá de otros tiempos mejores, ¿a quién se le ocurrió esa mierda de que ver al papá muerto o enfermo, es mejor ? Convengamos: hay gente a la que no le interesa ver el muerto, punto. 


 Hay otra escena (tal vez la más memorable del largometraje entero y tal vez la más memorable del cine en los últimos tiempos) en la que la ex esposa se encuentra con el ex esposo y le pide que hablen, que se perdonen, que se digan cosas amables o cualquier mierda de ésas. 


 Han pasado años, demasiados. Las heridas intactas, pero todo bien. Él se extraña, se encoge de hombros. Balbucea. Ella también. Se vuelven un par de gagos ebrios. Un diálogo de tartamudos. Un festival de nudos en la garganta. No hay diálogo, solo frases entrecortadas, palabras pisadas la una a la otra. 


 ¿Qué le diría, esa hijueputa, que le está pidiendo perdón por algo que le dijo en el pasado?… (pero que ha quedado tácito en el guión). 


 O mejor dicho: ¿qué no le diría esa tetra malparida? ¿qué omitió? Nunca vimos la reacción mediata de esa pobre mujer destrozada para con ese marido inconsciente. Tampoco vemos lo obvio: es muy raro para la sociedad ver muertos que caminan, gente que está muerta y ya no le interesa resucitar. Gente que se muere espiritualmente con sus muertos y siguen respirando por inercia. Nadie respeta eso hoy en día. A la gente le parece más normal esa actitud psicópata de las mujeres que no se entregan a la pena. Esas mujeres que se llevan lo que sea por delante con tal de reivindicar que la especie continúe, que la vida siga como si esto fuera una eterna fiesta, un carnaval continuo.   


 Pero no queda difícil imaginarse lo que le haya dicho ella a él. El caso es que el man está dañado y más que dañado con su error y su pérdida, el man está dañado es con ella, con lo que ella hizo, con lo que no, con lo que le dijo y con lo que no le dijo después de. 


Nunca sabremos los detalles, pero que importan. ¿O sí?  


 Al final hubo un error y unos hijos que se murieron, pero, a los que les tocó continuar, tirando de la existencia, fue a ellos y de cómo lo resolvieron dependían muchas cosas.





Su acto de heroismo, el de él, es que no salió por ahí a reproducirse, a tratar de tapar un hijo muerto con más hijos (como ella). Hay personas que creen que tener amor es lo mismo que tener un bulto al lado. Un bulto que respire y que les pertenezca. Se confunden con eso. Tener amor es tener una historia, un patrimonio de recuerdos agradables. 


Por eso, el mejor amor es el de los amigos. Los verdaderos. Su acto de heroismo, el de él, es que decide quedarse solo, no por duelo, pero sí por dolor. Más que válido. Hay una escena, al final, en que el sobrino le pregunta al tío para qué quiere una habitación extra en su nuevo apartamento. Obviamente todos estamos esperando que diga ´porque quiere empezar´ una nueva vida, esa cosa tan cristiana de que tus pecados ya fueron redimidos y que mañana también sale el sol (pensamiento dogmático). Pero el tío dice que, al final, la habitación extra no la va a usar pa nada. O sea: que prefiere quedarse con su vacío, que también es normal. 


 Al final, MBTS es una película muy gringa. Es la película del vaquero del viejo oeste en busca de redención. De un man que la cagó y que se niega a que la sangre de Cristo lave su pecados por él (nunca nos cansaremos de decir las palabras de Godard: ´Si alguna vez hubo una película importante, ella fue un western y si alguna vez habrá una última película importante, ella será también un western). 


La escena que demuestra esto, es cuando el tío va a una especie de ferretería del pueblo a preguntarle algo a un viejo amigo y la esposa de éste le dice que no lo quiere ver nunca más por allí. ¿Sanción social? Tal vez. A él que le importa. Ya está muy lejos, en otro plano físico y mental muy lejos de allí. Entonces no hay regreso, no hay héroe que quiera volver a casa. Hay un héroe que quiere morirse con su dolor. Punto. (no me vengas con tus cuentos de que hay que superarlo). ¿Es tan terrible aquello? 


 A veces, también, lo único que necesitamos algunas personas de clase obrera, es irnos a la tumba con nuestros dolores intactos o, en su defecto, agarrar una puerta a patadas, quebrar una ventana de un puñetazo, sangrar un poco en los nudillos de las manos y así superar algunas pérdidas. Luego podremos seguir tranquilos.