abril 13, 2016

Las drogas, las hijas consentidas de Netflix

Todas las películas por lo general consumidas en occidente, se encuentran en el meollo de un relato capitalista.

Héroes y heroínas se tienen que enfrentar a una supervivencia básicamente de economía de mercados.

Parece que más allá de ello no existieran otro tipo de supervivencias jerárquicamente y/o, esencialmente, igual de importantes.

Y las reglas no las hacemos ni usted ni yo. Tampoco las trasgredimos. Las reglas están hechas y son inmutables: si no mostramos al héroe en el escenario laboral, la cinta simplemente no funciona. Así de fácil.

Ahora bien, ¿por qué el tema de las drogas es tan tangencialmente recurrente en la narratología contemporánea de Estados Unidos? Y Lo que es peor: por qué se muestra siempre con tanta timidez, ¿por qué las drogas son tan accesorias a la fábula? ¿Por qué no son el centro de la fábula? El verdadero protagonista de nuestras ficciones...

Hoy en día, alguien medianamente normal, inserto en una sociedad saludable, se ve (socialmente) expuesto a convivir con las drogas secas, así como nos vemos dados a tener un grupo de parceros gays y transexuales y paracos y dealers en medio de ejercicios normales de respeto y convivencia y aunque nos dignemos a ejercer el derecho de ser políticamente incorrectos en nuestros muros de Facebook.

Pero es el principio de la civilización: en lo simbólico podemos ser unos y en lo material no lo podemos ser a cabalidad.

Entonces, por qué no nos dejamos de hipocresías a nivel de imaginarios colectivos  y admitimos que las drogas andan cómodamente desplomadas en el sofá principal de nuestras familias.

 ¿Por que no hay más películas como Adiós a Las Vegas o como La Vendedora de Rosas? Necesitamos más Trainspotings, más..   Ya no nos puede dar miedo de que un relato sobre drogas pueda convertirse en una cinematografía marginal porque no lo es. Las drogas hacen parte del sistema, se han sabido ganar su lugar en las clases obreras, medias y altas. Ya un alcoholico puede ser tan funcional, incluso tener menos faltas de asistencia a la oficina, que una mujer embarazada, por ejemplo. Un marihuanero puede tener incluso más rendimiento que un bipolar congénito. Si existen traumatizados guerrilleros ya en nuestras empresas colombianas, acaso hemos de negar entonces que el gerente de la multinacional tal le guste la bazuca sin riesgos de terminar en el Cartucho como un indigente. 


Creo que le falta más protagonismo a las drogas en nuestros relatos y no a nuestros relatos de pobres. Le falta más protagonismo al tema en mención en las historias de los ricos, como en Sumas y Restas, para citar sólo un ejemplo. La droga es un demonio, quien lo niega, pero cada vez es lo menos, la sociedad ha aprendido a controlarlo y hablar sobre su descontrol es más que básico en el cine de nuestros días. Gracias a la cultura Netfliz estamos recapacitando en ello, como en esta fantástica película llamada SMASHED: