septiembre 05, 2013

Sorry, este blog is CLOSED





Hora de cerrar. Clausuro este blog. CLOSED. No digo que no haya un mañana, pero, por hoy (que es mi estado de vida actual, un estado muy te-amo-para-siempre-pero-no-te-olvides-que-siempre-será-hoy), este blog se cierra, aunque permanece abierto. Cerrado pero abierto, muy el signo de los tiempos. Muy de ahora: sigue pero no.

Ya cumplió su objetivo, que en su inicio era demostrarme que se podía hacer un periodismo cinéfilo diferente al que se consume en castellano. Y lo logré.

5 años después, CORTES INVISIBLES, ya se mueve solo. Ni siquiera hay que actualizarlo. 

Por primera vez, en este lustro, paso más de un mes sin poner nada aquí y siguen aumentando las entradas diarias. 

Sin promocionarlo, a este blog lo leen más de 100 personas diarias desde hace años. Mucho para una bitácora intimista, de registro doméstico casi de bolsillo, como una libreta de anotaciones personales donde la lista del mercado se mezcla con los números telefónicos de las llamadas urgentes.

Un blog que quiso ser under y lo fue, en un país donde lo under ni siquiera existe.

Lo dejo por eso, básicamente, porque he perdido en mi vida el tono de lo under y tampoco es que me haya vuelto mainstream. Pero se me olvidó cómo llevar eso al lenguaje. 

Se me olvidó todo eso que odia la sociedad católica de este país, tal vez porque en el fondo lo soy: católico. Una monja disfrazada de comunicador social, como lo son todos mis colegas. Nada que esté en español no lo es.

También me voy antes del atardecer, porque  el cine ya no es lo que era. Porque ver una película es un atentado contra el calendario propio y el de los demás. Porque ya no llega, no mola.  Porque aprendí a conocer los que se ganan la plata del cine en Colombia y los que la reparten: malas gentes, una parranda de TRIPLE HIJUEPUTAS. Unas alimañas que he tenido la oportunidad de estudiar muy de cerca.

Echo candado, pues. 

Porque la película que quise postear aquí, nunca la encontré otra vez. Su título no lo recuerdo, solo está en mi cabeza .

(¿Dónde he ver de nuevo esa película que una vez vi con mi padre en el teatro Libia de Medellín, gringa, setentera, sobre unos seres que pierden a un amigo, a un hijo, a un hermano y todo es un duelo? ¿Cómo se llamaba?) Quién sabe. 

De pronto me la encuentre algún remoto día y vuelva a abrir, entonces, este blog.

Cae el telón. Baja la persiana americana, porque la vida se me llenó de ocupaciones. No tengo hijos, no soy un empresario, pero mi tiempo resultó siendo más valioso que si lo fuera. Me abro para ponerme a hacer el cine que me gustaría ver si todavía me gustara ir al cine o si tuviera tiempo para ello.

 ¿A quién le sirve el cine hoy en día?

Solamente a quienes lo hacen y lo usan como pretexto para vivir del cuento, para asegurarse una vejez, una jubilación, en un país donde la única opción laboral de supervivencia, es contratar con el Estado. 

De pronto este limbo, entre la gran pantalla y las pantallas pequeñas de los celulares, pase pronto y el cine vuelva a ser lo que fue. No faltará mucho para que sea fácil tener un celular 4g: que sea de uso ultramasivo y entonces el cine volverá, en otras ropas, pero con la misma alma con la que nació: como un fenómeno de entretenimiento cuasi circense, popular, para la gente trabajadora y no para los que hoy lo disfrazan como labor social.


Hora de cerrar, pues el cine está en otra parte, como dijo alguien. Esas neuronas que se me activaban  y se me interconectaban por medio de una buena película, hoy se me activan igual con la radio, con las redes sociales, con el internet en general, pero sobre todo con mi entorno familiar, con mi nuevo hábitat. 

Tal vez, por eso cierro. Tal vez ya no sienta la necesidad de escribir más, ni aquí ni en otras partes. Tal vez ya me sienta menos vacío y para nada solo, sin un mundo interior para poblar, por el contrario ahora muy poblado, muy lleno de gente, de cosas, de temas en la cabeza que no me dejan demasiado estar conmigo: una cuestión de tiempo y de espacio en el día a día.

 Me voy, doy un portazo desde adentro, entre otras, porque odio los multiplex y lo mal priorizados que están los recursos de la sociedad: ¡qué vulgaridad! 

¿Qué hacen dándole tanta plata a tanto a aparecido que le dio dizque por hacer cine, cuando las mejores propuestas ahora se hacen de la nada? ¿Por qué lo usan como pretexto para robar? ¿Por qué no usan toda esa plata de un cine sin impacto, mejor en carreteras, en salud? Ah, porque también se la roban, ahora entiendo.

Mejor seguir escribiendo sobre cine de otra forma. En Twitter, por ejemplo, en YouTube, sobre todo. A manera de podcast, de streaming, esa es mi escritura ahora, mi poesía, mi película favorita.

 Nos leeremos tal vez en el futuro mediano a través de sus teléfonos celulares.  Por hoy, nos declaramos en jornada libre. Les dejo un regalo, mi herencia, el legado de mi nuevo encarrete; Radio NEBLINA, mi nueva mejor pasión mejor que el cine. Den PLAY... arriba.