julio 27, 2013

Adulto Contemporáneo: un under de más morcilla y chunchurria en el lenguaje y menos grasa en las manos

¿Una nueva serie? ¿otro laboratorio de improvisaciones?

Pues no. Otra serie de YouTube, otra prueba que pretende decirle a la televisión colombiana que, en general, estuvo equivocada durante 50 años (con muy pocas excepciones). 

Sí, quizás una serie para la clase emergente, para los que tienen iPad y Galaxy (los pobres siguen viendo la señal Colombia incidental de RCN y Caracol), para los que creen que el alma del cine ahora puede estar en YouTube (todavía no).

¿Por qué tanto miedo a jugársela con actores naturales, desconocidos? ¿Dónde estaban esos guiones frescos?

¡Quién iba a creer! En Colombia había un under, un verdadero under, no un avantgard experimetal, chapucero de sicarios y gamines, sino un under, que le interesara la vanguardia de una lógica más el-medio-es-el-mensaje, un under de más morcilla y chunchurria en el lenguaje y menos grasa en las manos, un under menos hipócrita que ese de ´hagamos otro Festival de Cine para que nuestro cine siga igual´. Estaba dormido, pero se está empezando a despertar.






julio 24, 2013

Veo más gente muerta y yo también estoy muerta

Tal como los gays que creen que en el fondo todo el mundo es gay, el problema de los muertos es que también son movimientistas, cual pastor cristiano, todos los muertos aspiran, sueñan, a que cada día van a ser más. 

De ahí que hace  un mes, más o menos, reseñara sobre esa fórmula tan fascinante de I See Dead People de Sexto Sentido y me preguntaba, ya, dónde estarían las demás películas en las que hubieran dos o tres muertos que se creyeran los más vivos (¡eso es tan paisa!. Aquí deberíamos hacer la primera película de muertos vivos o vivos muertos, como se quiera mirar). 


Entonces: ¿cuál será la próxima? ¿Dónde estarán las otras? ¿Cuántos millones habrán recaudado en taquilla?


Con un poco inevitable de Sexto Sentido y otro poco de Sin Miedo a la Vida (casi un remake) esta película termina casi siendo un chiste, pero un chiste tierno, que te logra calar, como te podría calar un paseo por un parque una bella tarde de primavera.


Me muero por saber cuáles serán los próximos muertos del cine que puedan actuar tan bien.





julio 23, 2013

Capítulos que me veo como quien se tasa un manjar, pa´ que no se acaben tan rápido

Lo bonito del cine, es que te dispara cosas en la cabeza que el guionista nunca pensó en plasmar. El escritor escribe una pieza sobre colibríes en blanco y negro y el espectador termina pensando en piscinas. Así de loquillo es lo plástico del cerebro.

Mientras veía el capítulo semanalmente obligado de Susana y Elvira, pensaba lo eterno que puede ser un fin de semana, todo lo que le puede cambiar la vida a una persona en un viernes amanecer domingo, lo tanto que nos cambia a todos y por qué nos olvidamos de sensibilizarnos ante lo interesante que puede ser todo.

Pero lo interesante de los fines de semana, es que son eso: fines, finales. Hay tantas cosas que se definen en un fin de semana y no nos damos cuenta.

Pero lo verdaderamente tenaz, es ese aspecto de los fines de semana, sobre todo cuando se está enguayabado. 

En ningún caso he de envidiar a los enguayabados. Hace muchos años que mis fines de semana son tranquilos, con la sangre limpia y muchos soles tempraneros, aromas a café, sonidos de pájaros, ardillas corriendo por las ramas: solo de vez en cuando algún tufillo a vino chileno y un leve ardor en las sienes. 

A lo que voy, es que el trago acentuaba mucho el rumor sordo de un fin de semana, esa atmósfera soporífera de que todo se ha detenido dentro de una casa. Y cuando la habías cagado, olvidáte, te querías morir. 

Pero cuando habías hecho uno, o dos, goles, el fin de semana sabía a dulce eternidad.

En los fines de semana cambia tanto una casa. A veces pueden ser días de promesas y a veces de adioses. Y ahí es donde quería llegar, porque todo tiende a acabarse, todo se acaba y si es en un fin de semana resulta siempre mucho más cinematográfico, al modo de las cintas con finales bonitos. 

Qué bonitos y qué tristes y qué nostálgicos son los fines de semana cuando una linda historia donde se amó, llega a su fin. Pero qué lindos son los fines de semana cuando los domingos a la noche vuelve esa preciada cotidianidad...

julio 22, 2013

Nadie, de Santiago Gómez

Comentábamos con unos colegas de tertulia vespertina, ayer domingo, que aquí en Colombia nos dejamos descrestar intelectualmente por cualquier cubo de hielo derretido. 

Que este es el país donde cualquier bobo con juguete propio se para de cabezas y ya la provinciana institucionalidad cae desmayada del éxtasis, porque uno de sus honorables miembros de castas rayó las paredes. 


Para la muestra tenemos ya nuestros clásicos William Ospina, Ricardo Silva Romero, Daniel Samper Pizano, Antonio Caballero, Héctor Abad Faciolince y para, el caso local, nuestro nunca lo suficientemente ponderado Pascual Gaviria, clase de personajes que de alguna manera se auto adjudican sospechosamente la misteriosa misión de repartir juego en la zona mediocampista. (También comentábamos que, por ejemplo en Estados Unidos, el más chichipato entre los escritores más chichipatos, le pone la pata al mejor escritor del mundillo criollo).


Por la misma línea, de niños troncos con un papá dispuesto a comprarle balón y, si es necesario, cancha y equipo de fútbol, entero, tenemos a Santiago Andrés Gómez, uno de tantos videastas que a sus 25 años fueron inmortales con un rapto de iluminación estacional, pero que hoy creen haber tocado las puertas del cielo artístico por el solo hecho de reteñir sus borradores infantiles ante la inminente premura de que nunca dejarán de serlo.


 Sí, ese es otro rasgo de nuestra anémica intelectualidad bananera, especialmente en el cine: creemos tapar la falta de ideas claras con bazofia discursiva y, lo mejor, para vorágines conceptuales la tribuna de Oriente ya no da más abasto. Sur y norte engoriladas por los psicotrópicos, no entienden, les da lo mismo, ese rumor sordo, esa música de fondo, pues ya ellos tienen sus cánticos. ¿Alta? Bueno, no es un secreto que allí se parquean los narradores deportivos, en preferencia, tienen acceso VIP, los mejores empuja buses, bobos útiles, del continente.


Bueno, no debemos olvidar que este globo había sido inflado por un cura, el cura Luis Alberto Álvarez, uno que sabía bastante de mechas impregnadas con alcohol y que le alcanzó la vida para ver despegar a Santiago y para verlo sobre volar el parque del Periodista con muy mareadoras consecuencias.


Pero no le alcanzó la vida a nuestro cura más solapa, para ver caer a Gómez después de su borondo, convertido en un completo guiñapo de restos de naufragio.


Es para este blog lamentable tener que anunciar que otro ángel caído agoniza en el fango de su propia pólvora mojada. 


¿Qué pasó? ¿Por qué tuvo que ser así? Si la primera y, a mi modo de ver, única película de Santiago, Diario de Viaje, es también la única oda de resonancias rockeras, colombiana, que a uno no le da pena-ajena repetirse (en estos días veraniegos traté de repetirme Apocalipsur y la vergüenza no me dejó. Mi esposa que la había visto extasiada una primera vez, me dijo: ´yo no me había dado cuenta de que esa película era tan deficiente´).


Bueno, pero la vida sigue y seguimos cometiendo video con obras como ésta:



julio 19, 2013

Cineastas de Colombia, no sean ladrones, por favor

En honor a la justicia, estoy muy complacido de que la gente del común reaccione tan bien a un producto que quiero sacar de la manera más privada posible.

Es merecido porque llevo muchos años trabajándole. Pero es justo también porque ya es hora de abrir los espectros en Colombia, de que no todo tiene que pasar por el Estado para ser cine ni por los festivales decimonónicos de siempre.

 (¿En qué me representa a mí el Festival de Cartagena? o ¿el Festival de Santa Fe de Antioquia? En nada. A los dos he ido un par de veces y nunca me he sentido menos identificado y menos formalmente marginado, siempre me he sentido allí como bebiendo con los viejos barrigones de la tienda de la esquina).

Bueno, lo de los festivales solo por poner un ejemplo, ¿cuándo vamos a tener un festival realmente cool como el Baicifi o como el Sundance? ¿Algo con onda?.

El tema es que sería muy bueno demostrar que hoy en día es una obscenidad gastarse lo que se gastan, por ejemplo, las películas colombianas haciendo una película. O es una obscenidad que todos aquellos bodrios justifiquen crews de 200 personas para tan lamentables resultados.

Obviamente uno no hace cine para eso ni por eso, es por otras cosas. Pero qué bueno sería. 

Qué bueno sería poder decir, vea, esa plata por qué mejor no la reparten más equitativamente con productos más sencillos (que los parámetros para medir la calidad en las convocatorias sean otros a los usados hasta la fecha), abran el abanico y muevan esos recursos a otras cosas más urgentes que el cine: las carreteras, por ejemplo, o la salud... 

Cineastas de Colombia, no sean ladrones, por favor y roten el pucho a los que también hacemos en la sombra. O cedan esa plata para otras cosas menos banales que el cine.

No canto victoria, todavía. Pero me empeño en demostrar que con 3.000 dólares uno puede hacer mejor cine que la mayor parte de ostentación lujosa de nuestras producciones. Ya somos 3 que empezamos a meter el hombro con dinero, mañana seremos 6. Necesitamos 100.




EQUILIBRIO (teaser) from William Zapata M. on Vimeo.

julio 16, 2013

¿Qué tiene Cara Delevingne?

No es alta y tampoco está espectacularmente buena y mucho menos es lo que se dice lo más cool, aunque lo es. Más bien monita guanosa, pero no puedes parar de mirarla. Te puedes quedar toda la noche viendo sus videos, disfrutando de un encanto que le viene desde adentro.

julio 14, 2013

Cama Adentro, imágenes por el solo placer de narrar


Cada vez respeto más las películas que prescinden de la música incidental. Si te pones a ver, la música es tan invasiva en el cine. La música es tan enfatizante, tan impositiva. La música es como contar en imperativo. 


Debe ser porque vengo de editar una pieza donde la música y una voz en off lo eran todo. La película no era nada sin la banda sonora. Tal vez fue esta última experiencia la que desbordó mi vaso. 


Bueno, ya desde antes venía haciendo esta reflexión. Ya desde unos años para acá, lo único que busco para ver, a nivel cine, son cintas que no usen música incidental, que usen el montaje por el solo placer de narrar .... ( de hecho, sería un acto de elegancia y glamour que todas las películas se tiraran el detalle de poner un letrero en el poster de cada película, o en la claqueta, algo que diga algo así como: NO LLEVA MÚSICA POR EDICIÓN) .... y, ésta que posteo a continuación, es una de esas películas que narran y punto.


 Con un ritmo trepidante, no en el sentido de la duración de los planos, (sino en el sentido de la acción contenida), esta es una historia que te deja clavado a su trama desde la primera secuencia. 


Por eso te aconsejo que si debes ir al baño, lo hagas antes de sentarte a verla. Es una película donde el tiempo vuela y, aunque hoy la tecnología te permite pausar y reanudar después,  no querrás hacerlo. Siempre quieres más después de cada escena, de cada diálogo, de cada toma. Y cuando menos piensas, la película se ha acabado, parece que no han pasado ni diez minutos.


Y bueno, que más se puede decir. No es una película que te ha entretenido con una sarta de chorradas (en el cine es muy fácil disfrazar tu falta de historia con chorradas). Ahí viene la otra parte difícil. Hacer una obra jugada, que hable fuertecito, una película transformadora (estoy seguro que este tipo de pelis y, algún otro tipo de arte político en Argentina, son los artífices, entre otro factores, de que cierto tipo de izquierda auténtica lleve algo más de 10 años en el poder).


Te pones a ver el discurso de Cama Adentro - un adn de discurso que ya lo trae mucho cine argentino- y lo comparas con el pseudo discurso del cine colombiano y te dan ganas de llorar.  Más: lo comparas con el discurso de esa supuesta izquierda colombiana de escritorio, y te dan ganas pero es de tomarte un frasco de diazepanes.


Veámos pues una de esas películas donde el sonido ambiente lo es todo en términos de banda sonora. ¿No debería ser siempre así? Qué grande es el cine sin música incidental, no me canso de repetirlo.


 ¿No debería todo el cine auto censurarse la música de post producción? 


Yo me atrevo a vaticinar que en el futuro la música incidental de cualquier tipo va a ser una cosa de mal gusto en el cine o, en su defecto, como un asunto de retraso mental como mínimo y lluévanme tomates. 


Aplaudo las imágenes por el mero hecho de narrar.



julio 02, 2013

Bergman o el por qué se suicidan los suicidas, cuando nos preguntamos por qué es que se suicidan los suicidas.

Tocar a Bergman es un atentado criminal. Meterse con él es tomar el riesgo de no salir vivo del acto.

 Pero aquí estamos: repitiéndonos esas tramas de un autor que sí sabe qué hacer con los primeros planos y con sus sombras chinescas de blancos y negros profundos. 

Mi esposa me dice, ´es como misógino este Bergman´.

 Sí, puede ser. Muy a su modo, pero es válido el comentario. 

No sé. No me gustaría meterme en camisa de once varas analizando el trato que le da Bergman a las mujeres en su obra. 

Lo que sí puedo decir es que las usa como el pilar central de sus objetos de estudio. Las disecciona, les hace el tratamiento con sus vísceras emocionales y luego las raspa por fuera para sacarle las escamas, como a pescados que se dispone a fritar. 

Miedos, horrores, culpas, proyecciones psicológicas, transferencias, lapsus visuales, desfilan a lo largo de sus películas como en una caravana de los recuerdos. 

Cada línea en los diálogos de Bergman te manda a pararte de tu lugar e irte al baño para que te mires en el espejo y te confrontes, dentro de la más absoluta certeza del por qué se suicidan los suicidas, cuando nos preguntamos por qué es que se suicidan los suicidas.

Avanzan los minutos en este mar de instantáneas existencialistas y escuchas a tu mujer comentando de nuevo: ´Uno ve las películas de este man y se da cuenta que aquí en Colombia sí botan la platica del cine, dándosela a cualquiera´. 

De acuerdo. Válido el comentario, también. 

Imposible que entre 46 millones colombianos no hayan unos cuantos Bergan por ahí. Yo no soy uno de ellos. 

Pero uno se pregunta: ¿Por qué no los descubren? ¿Por qué no se dan a la tarea de buscarlos? ¿Por qué no hay una política de Estado que permita la detección temprana de los Bergman que debe haber en Colombia? 

Será pedir demasiado. No sé. Tal vez.

 Ya acabo de entrar en un interregno pseudo exquizoide tipo Bergman. Ya la sombra de la duda ha llegado a este blog. Ya la muerte hace su aparición siniestra en estas cuatro últimas líneas. Porque así es la vida. Incontrolable. Un juego totalmente atormentado de sentido, según Bergman.

Y qué bueno que sigan apareciendo cintas de Bergman en esa insoportable y terrorífica casa del espanto que son las sorpresas digitales.  Cintas que saltan del sombrero de un mago adolescente y su deep web.

Bien dice Woody Allen que las mejores películas son las de Bergman. Pues sí. Las más simples, las más hondas, las más lapidarias. Sobre todo ésas que te transportan a los 70, con sus tonos pastel y esa resaca post hippie que tanto nos dañó, pero que al mismo tiempo, a unos pocos alivió.