abril 27, 2013

Una película para ver a solas por lo bobita

Este es el tipo de película que a un cuarentón le daría vergüenza ir a ver acompañado. 

La clase de película en la que agradeces que tu esposa se duerma, porque luego de una hora se vuelve una película bastante bobita. 


La clase de película que te debería abochornar, dar pena ajena, pero no. 


Al contrario te enternece. Te hace replantear todo el guión que vienes escribiendo durante años. Tirar a la basura toda aspiración a rodarlo, a mandarlo a Mincultura para justificarle el salario a los burócratas de Proimágenes. 


Para qué hacer cine donde irremediablemente se meta el conflicto colombiano, cuando en otras partes del mundo pueden esquivar tan fácilmente temas como las guerrillas, los paras, los asesinatos, las fronteras invisibles, la violencia institucional de un país tarado y enfermo como el de esa república bananera, por allá, donde la vida no vale nada. 


Un tipo de película, en todo caso, que te consumes a media noche en el silencio de la casa, como quien abre una nevera a hurtadillas y se prepara un sandwiche tipo Lorenzo Parachoques y lo saboreas con risitas en silencio para no despertar a los demás.




abril 22, 2013

Y entonces nos quedamos yendo al cine solos


Qué buena entrevista. Ya la he leído 3 veces. Qué amable se hace la crítica de cine aquí. 

Qué distinta a la crítica colombiana, si es que se puede hablar de críticos y no de simples criticones.


 Y a propósito de Javier Porta y su sentido del humor, me acordé de alguna noche a principios de los 90 en el parque del Periodista hablando con Pedro Adrián Zuluaga. Todavía existía la Arteria, me acuerdo. Y se había acabado de morir Luis Alberto Álvarez. Entonces le dije a Pedro Adrián, hoy un gurú muy a la colombiana, que siquiera se había muerto "ese viejo escolástico" a quien el sentido del humor en la crítica parecía resultarle pecado.


 Y entonces me quedé hablando solo. Pedro Adrian de inmediato se paró y me dejó con esas palabras en la boca. Ni siquiera las había terminado y ya me había quedado solo en una jardinera del centro de Medellín. Hoy, dos décadas después, creo que el tiempo me ha dado la razón: Qué jarta es la crítica cinematográfica en Colombia!! Pero sobre todo que falta de buenas ideas como las palabras que siguen a continuación:




BAFICI 2013: A FONDO CON JAVIER PORTA FOUZ

Escrito por Nuncio Belardi 20 abril 2013

 En ocasión de un ciclo de cine argentino que organizamos con la Biblioteca Nicanor Parra, tuvimos la suerte de contar con la presencia del crítico de cine, programador del BAFICI y editor de la revista El Amante: Javier Porta Fouz.


Porta Fouz, de 39 años, pareciera ser un nuevo tipo de crítico, muy alejado de la figura de Anton Ego, el estereotipo de crítico creado por Ratatouille. Javier es más rockero, inconscientemente, sin saberlo y obviamente el no lo cree así. Partió muy joven (cosa que él tampoco ve así). Comenzó en El Amante a los 25 años y a trabajar en el BAFICI el año 2001, y como programador el 2005. Tenía 31. Aprovechamos de interrogarlo sobre todo. Obviamente le preguntamos sobre la revista, que el año pasado pasó por completo al mundo digital; también sobre el Festival que cumple 15 años; sobre su cinefilia, sobre la crítica y mucho más. Invitamos a Alberto Fuguet y entre los tres estuvimos un buen rato conversando.


Acá la entrevista a Javier Porta Fouz, un cinéfilo que deja en ridículo a todas esas ratas de IMDb (me incluyo) que creen saber algo de cine.


Nuncio (N) ¿Cómo nace la cinefilia en ti?

Yo fui cinéfilo ni siquiera de joven, de niño empecé. Yo vivía en un pueblo. Marcos Paz, a 50 Km de Buenos Aires, 48, para ser exactos. Y cuando yo era chico, las películas tardaban en llegar ahí un año. Me acuerdo que E.T. llegó un año después. Era muy aislado. Pero mi papá trabajaba en el centro de Buenos Aires e íbamos seguido, me llevaba al cine. Y mi familia no es de un ambiente intelectual: mi mamá es peluquera y mi papá era cerrajero. Pero a mi mamá le gustaba ir al cine, y cuando yo tenía 9 años, nos fuimos a vivir a Buenos Aires y a los 9 ya empecé a ir al cine solo, lo que hoy en día es rarísimo. En Argentina no hay manera, ningún chico de 9 años va solo a ninguna parte. Y la primera película que vi solo fue Annie de John Houston, y mucho después supe quién era John Houston, y me acuerdo que la vi 5 veces, la vi solo, después con mis padres, luego con mi hermana, amigos, en fin, al final la vi 5 veces.



Fuguet (F) ¿Y cantabas Tomorrow? 

No demasiado, es que tampoco era que me gustara tanto, pero como era la primera que vi solo… de hecho ahora pensaba hacer en El Amante “la primera película que viste solo” porque eso me parece definitorio para el cinéfilo, porque la gente que dice: “no fui nunca solo al cine” no es cinéfila, no hay manera.

N: Y hay que verla también solo, con la sala vacía, porque uno puede ir solo, pero de ahí a que justo también la veas solo en la sala, eso es mucho mejor. 

Eso pasa ahora todo el tiempo, pero antes era rarísimo, antes no pasaba, en los 90 tenían que haber por lo menos dos personas para dar la película, a veces me pasó de sacar la entrada y estar yo solo y me devolvían el dinero porque no había gente, ahora como son maquinas las que pasan las películas, sobre todo en los malls, pasan las películas aunque no haya gente, ni siquiera se toman el trabajo de ver si hay gente o no. Bueno, pero cuando era pequeño, nuestro primer departamento en Buenos Aires, con mis padres, estaba en la misma cuadra que un cine que daba dobles programas. Entonces yo ahí vi “La Ventana Indiscreta” cuando tenía 9 años.

N: ¿Cómo tan joven?

Es que me impactaba, me gustaba el cine. Recuerdo que “La Ventana Indiscreta” me impactó. Me impactó el color incluso, porque había copias nuevas en ese momento, no me acuerdo por qué motivo, y tenía afiches con la silueta de Hitchcock, no era el afiche de “La Ventana Indiscreta”. Porque también daban “Vértigo” que no la vi, se ve que mis padres dijeron ésta no, era muy chico. Y ya cuando tenía 7 o 6, lo que hacía era recortar los afiches. Es que yo aprendí a leer a los 4, entonces a los 7 ya recortaba y tenía cuadernos y cosas así.

N: Me llama la atención que hayas partido tan joven. Mi gusto por el cine comienza a los 12 años, si es que.

De hecho, tuve un momento entre los 12 y los 14, que fui muy poco al cine. O sea tuve una infancia muy cinéfila, pero en esos años, no fui mucho. Hasta que a los 14 me enfermo de hepatitis y lo primero que hace mi papá es comprarme la videocasetera. Y estuve 2 meses sin ir al colegio. Y mi padre venía todo el tiempo con pilas de VHS. Y ahí vi mucho, pero también mucha basura, porque además quería ver todas las exploitation de sexo, tenía 14 años, y ahí vi muchísimo, a los 14 entrando a los 15 veía de 3 a 5 por día, ese fue un periodo importante.

N: Entonces en toda tu infancia, adolescencia y juventud el cine fue siempre algo importante. ¿Por qué a la hora de elegir una carrera no elegiste cine?

Es que nunca me interesó hacer cine. El cine tiene eso de trabajar en equipo que no me gusta mucho, quizás hoy en día es distinto, ya que se puede hacer con un crew de 3 personas y listo. Pero en los 90 no era así.



N: ¿Y cómo entraste a escribir en El Amante? 

Bueno, a El Amante entré por concurso. Era un concurso llamado “quiero escribir en El Amante”, y mandabas una nota y yo escribí sobre Boogie Nights, y les gustó mi nota y quedamos 4 ganadores, y de los 4, 2 quedamos escribiendo en la revista.

F: ¿Y escribir en El Amante era casi más importante que hacer una película o que entrar a una selección de fútbol? 

Cuando vi mi nombre que había ganado, fue como si se abriera el cielo, era lo que más yo soñaba escribir en El Amante

N: ¿Cuánto llevaba de vida El Amante cuando tú entraste?

Y saliendo, no habían pasado 7 años. La revista comenzó a fines del 91 y el concurso yo lo gané en septiembre del 98. Antes de eso hice de todo. ¡Tuve unos trabajos! (ríe). Tenía que ayudarle a mi familia. Armé almanaques, calendarios, en un sótano; vendí cosas por la calle, cassettes grabados truchos. Del 92 al 96 hice unos trabajos así…

N: ¿Cómo ha respondido la gente con el paso de El Amante al mundo digital?

Yo pensé que sería como una explosión el primer mes y después nada, y no fue tan explosivo el primer mes y no fue tan nada después. Como El Amante es una revista pasional, hubo mucha gente que nos insultó directamente cuando dejó de salir en papel, como si fuera una ruptura amorosa en malos términos. Eso de “te di los mejores años de mi vida”. Eso estaba. Fue una cosa muy loca. Hubo mucha gente que dos o tres meses después, nos escribían diciendo: “Bueno, ya los perdoné, ahora me suscribo al digital”. Es verdad, tengo los mails, en el Facebook también. Y luego sacamos un anuario de El Amante en papel y la gente: “¿Pero cómo? Tienen que seguir con lo digital, olvídense del papel”. Lo mismo pasó cuando la tapa pasó de ser amarilla y negra a ser en colores, sólo la tapa. Vieras todas las cartas de lectores insultándonos.

F: ¿Los críticos jóvenes siempre creen que no han visto suficiente cine, que no saben suficiente? ¿Tú sentías que tenías fallas o agujeros cuando comenzaste en El Amante?

Es que yo entre el 93 y el 98 vi una cantidad de películas. Ahí fue como la formación dura mía; entre los 19 y los 24, 25 años iba a La Lugones todos los días, o sea esos ciclos de verano, como no tenía plata para irme de vacaciones, nada, hacía esa cosa de ir al cine con la entrada comprada en la cartelera, que significa que pagabas el 60% del 50% de la entrada y te llevabas la comida en la mochila tipo, un mantecol y con eso vivías todo el día. Y veía 5 películas al día, los miércoles sobre todo que era barato.

F: ¿Qué significa eso comprar la entrada en la cartelera?

Es que a los diarios les daban entradas al cine gratis, pero no las usaban, entonces las vendían en unos puestitos y ahí comprábamos he íbamos de esa manera.

N: ¿O sea La Lugones fue tu escuela?

Si, en La Lugones había veranos en los que iba todos los días, no sé, el ciclo de Bergman: todas las películas; el ciclo de Buñuel: todas las películas; el ciclo de terror gótico europeo: todas las películas. Yo iba todos los días, ahí vi Truffaut, Bresson, y después bueno, en VHS.

N: ¿Tuviste colección de VHS?

Tuve colección porque en los 90 cuando comenzaron a cerrarse los videoclubes los vendían baratos y compré muchos.

F: ¿Aún los tienes?

No, los tiré a la mierda. Mi fetichismos está muy por debajo del promedio del fetichismo del cinéfilo, muy por debajo. DVD compré pocos. No sé…



N: ¿Pero sí te consideras cinéfilo?

Digamos que si, qué se yo, la cinefilia me ayudó a conseguir novia. La conocí en el cine, siguiéndola por las escaleras. Había visto justo el día anterior El hombre que amaba a las mujeres de Truffaut y tenía muy fresca también La Edad de la Inocencia de Scorsese, con eso de: si se da vuelta le voy a hablar. Entonces fui a ver a La Lugones Les enfants du paradis de Carné, una película francesa que dura 4 horas, y era yo y 550 viejos de 200 años y una chica rubia y la seguí, y dije: si dobla por acá le hablo y si no, no y terminamos siendo novios 5 años. Y ella era cinéfila también, entonces cuando íbamos al cine nos sentábamos separados, para no molestarnos, y ver la película. Era muy loco. Y con ella vi mucho también, pero volviendo a lo de los agujeros, por ejemplo Fassbinder fue uno que mucho tiempo después lo recuperé.

F: ¿entonces un crítico o un cinéfilo puede tener agujeros?

Pero claro.

N: Hablemos de crítica. Te he escuchado decir esta frase sobre crítica que me ha gustado mucho: “La crítica es participar de un misterio proponiendo tu propio misterio”.

Pero esa frase no es mía. Los que hablan de eso son Oscar Wilde y Roland Barthes. Eso de profundizar el misterio de la obra, que no hay nada más claro que la obra. Entonces, no es que vayas a destripar y descifrar la obra. Eso también es Sontag, en “Contra la interpretación”. Se trata de proponer un sentido; y no descifrar el sentido. Hay un libro que no es sobre cine, es sobre literatura, que se llama Abrazos y Rechazos. Como leer en clave menor. Es de una tal Doris Sommer, que analiza 9 escritores americanos que ella dice que son los que proponen un misterio, no te dejan traspasar, que el lector no tiene que irse del todo satisfecho, en el sentido de que lo entendió todo. Tiene que ver con no condescender, no hacerlo todo demasiado fácil. Y eso es lo que detesto, detesto, detesto, detesto de Match Point y el público de Buenos Aires. A Match Point la detesto. Es una película que te hace creer que entendiste algo que siempre estuvo claro, que era cuando empieza la película y el tema del azar con el ralenti de la pelotita. Ok, entendimos. Pero cuando el anillo pega en el borde, frena y te está explicando todo de vuelta, en la función que fui, todo el publico un sábado en la noche en La Recoleta hizo: “aaahhhh”. Y se sentían inteligentes por entender eso. Esa fue una de las veces que estuve a punto de pegarle al público directamente.

N: Hablando de público. ¿Qué haces en el BAFICI?

En el BAFICI a parte de programar y seleccionar películas, estoy a cargo de programar los cines, entonces estoy siempre preocupado de si hay gente, ese tipo de cosas.

N: Me llama la atención que el público del BAFICI hace preguntas muy complicadas en las funciones con los directores, mucho más complejas de lo que pregunta la gente en festivales chilenos, por ejemplo.

Bueno, lo que hay es una especie de competencia sobre quién es más snob y quién snobea más. Algunos hasta se quejan del traductor, y hacen sus preguntas en inglés para no pasar por el traductor que siempre consideran malo. Y a la vez, es un público que si falla un subtitulo en castellano incendia la sala (ríe), no sé si sea la misma gente. Pero, bueno es algo que tiene que ver con los argentinos, el público de Buenos Aires, el público argentino o quizás es el argentino el que necesita ser reconocido, por ejemplo, el público de rock, quiere que el cantante le diga que son el mejor público, entonces exageran lo pasional, y está bien, el rock se trata un poco de eso. En el BAFICI intentan ser los más intelectuales, incluso se ríen antes de que pase el chiste, y cuanto más rara sea la referencia y más de cruce cultural, más fuerte se ríen, como diciendo entendí que se referían a… no sé, a Beckett; hay algo de eso, lo cual funciona muy bien para que el BAFICI sea un festival con mucha gente y con mucho espíritu.

N: Volvamos a la crítica. ¿Quiénes son tus referentes?

Bueno, Pauline Kael y… (se queda pensando). Cuando leí el libro de Héctor Soto, fue como un momento en que dije: ah mierda, éste se ánima a decir ciertas cosas: “el cine no es lugar indicado para destripar símbolos”. (Piensa) También Quintín en El Amante. Bueno, leí mucho a los críticos, André Bazin lo leí mucho, Truffaut lo leí mucho.



N: ¿Qué opinas de Rosenbaum, de Martin?

Adrian Martin me gusta mucho más que Rosenbaum. Rosenbaum me parece que en un momento, por culpa de Godard, se le dio un lugar disparatado. Un lugar que en Latinoamérica no tuvo Manohla Dargis. Ella no lo tuvo en Latinoamérica, y sí lo tuvo Rosenbaum y vos leés los textos y ¡no jodámos! Ella es una gran escritora, yo la conocí.

F: ¿Y cómo es? ¿Es guapa?

Si, es una pelirroja, guapa, pero distante, yo quedé enamorado demente, a mi gusta la gente así, distante. No me gusta la gente que te toquetea, pero te digo, Godard dijo el gran crítico es: Rosenbaum, y yo todavía no sé cuáles son las grandes ideas de Rosenbaum, el libro Las Guerras del cine que se tradujo, tiene buenas ideas y están los libros que escribió con Hoberman, y… a mí me gusta mucho más Hoberman, él como que hace piruetas, va de una película a otra, y de una zona del cine a otra y eso me parece muy respetable, más que respetable, es excitante, estimulante, y ese estímulo nunca lo tuve demasiado de Rosenbaum. Aunque te digo, su parte más política de militancia por cierto tipo de cine me parece que fue importante en un momento, y tengo artículos de él del Sight & Sound de los 70 y principios de los 80, y no sé, Ken Jones también me gusta más, como que tienen una cosa más excéntrica en un punto, que los vuelve más estimulantes.

N: ¿Qué directores sigues devotamente?

En este momento, debo decir que la tercera película de Ben Affleck la esperé mucho, o sea era la tercera de Ben Affleck, la esperé como loco. Eastwood también, aunque hay películas de él que no me gustan. Río Místico no me gusta nada. Creo que Río Místico es casi una película argentina, en el peor sentido, como que refuerza todo, además creo que gran culpa la tiene ahí dos actores, que son Sean Penn y Tim Robbins, que están horrible y se comen la película en el peor sentido. Pero bueno… Moretti también. Nanni Moretti es para mí una referencia muy importante.

N: ¿Y actualmente en Latinoamérica o en Argentina?

No, para mí en Argentina (se queda pensando). Yo no lloro mucho cuando se muere un director que tiene 85 años y en Twitter empiezan todos a llorarlo, y yo digo, pero ¡si tenía 85 años! ¡Dejáte de joder! Pero cuando sí yo lloré fue con Bielinsky, ahí si lloré, y confieso que dije, cómo pudo haberse muerto Bielinsky. Porque él era la salvación del cine argentino, por completo. Era el tipo que estaba haciendo las películas absolutas.

F: ¿Cuán exagerado debería ser un crítico? ¿Tiene derecho a mentir a exagerar?

Por supuesto. Me pasa con Eastwood y Affleck. Digamos, Eastwood se va a morir pronto, esperemos que no, que dure hasta los ciento y pico, pero ya hizo 3 películas testamento. Para mí, Más allá de la vida, Hereafter, es la mejor película, y ni siquiera es la mejor película de Eastwood, pero es de esas películas por las cuales me pelearía con la gente, o sea me parece una película genial y cuando me dicen que es new age, pero cómo, si es una película de una sabiduría, y creo que Ben Affleck tiene que continuar a Eastwood, porque es un tipo que entendió el clasicismo y lo entendió en el sentido de Eastwood, porque el clasicismo que entiende Eastwood, ese clasicismo visto de los setenta, es un clasicismo consciente y esa es la única manera de ser clásico y no necesariamente ser neoclásico.

F: Esta es una pregunta moral: Si alguien durante los últimos 5 años ha criticado mal las películas correctas. ¿Es un boludo?

No necesariamente, depende de cómo escriba. Para mí es fundamental ver cómo escribe la persona. No si coincido o no con sus gustos. De hecho con Kael, sus fanatismo por Altman no lo puedo tragar, me parece horrible eso. O por ejemplo, a mi me gusta mucho más que a ella Peter Weir, pero me divierte mucho leer cómo ataca a Witness, la destroza y se ríe. No me parece que tiene que ser necesario compartir los gustos. También hay que ver qué películas son las incorrectas, no sé, si alguien cree que González Iñárritu es un director excelente, ahí sí puede ser.

F: ¿Qué es más importante: que un país tenga un par de buenos críticos o un par de buenos cineastas?

Críticos. Ya lo dijo Oscar Wilde, puede haber buenos cineastas, pero sólo con buenos cineastas, la producción se estanca, porque si el cineasta no es crítico, no tiene la doble condición, el arte tiende a repetirse, decía Wilde. Entonces es necesario el espejo de la crítica, que a veces sí puede estar en el propio cineasta, yo creo que Bielinsky era cineasta y crítico, era un tipo absolutamente consciente de todos los procedimientos. Wilde decía que los artistas mediocres suelen amigarse entre sí, y eso es peligrosísimo, porque genera una endogamia que además es muy corporativa, amiguista. Y además, el crítico está abierto a todas las escuelas, y el artista no necesariamente y de hecho ni siquiera es necesario, pero todo esto viene de mi fanatismo por el libro de Oscar Wilde, no es mío. Wilde dice que no hay grandes épocas del arte que no hayan tenido grandes críticos. Lo cuál es hiperbólico y provocador, pero no deja de ser cierto.

CUESTIONARIO CINÉPATA:


Video editado por Tania Lavanderos




1 comentario

Jay-Z - 22 abril, 2013

Gracias a dios que no le preguntaste por política, ahí es un neófito absoluto.
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Cuánto se habrá filmado sobre el tema y cuánto se irá a filmar... Seguramente mucho y alguien tiene que meter mano y empezar. 

Seguramente con mañita, no cometer el error de 3 Caines cansados de meter el dedo en la llaga. 

"No tienes por qué volver a revictimizar a las víctimas, a torturarlas de nuevo", estoy de acuerdo, sabias palabras. 



Pero hay que hacerlo y Plano Eterno PRODUCCIONES va estar ahí, no en la autoría propiamente dicha, pero sí en el acompañamiento técnico, en la construcción de un look para una historia tan grossa, una historia que ojalá no debió haber pasado nunca en una ciudad tan prometedora como Medellín, pero una historia que pasó, en nuestras propias narices, en la propia sala de la casa, una mancha de sangre que tal vez se confunda en la alfombra roja de nuestras galas, pero que sigue fresca y mancha y moja.





abril 15, 2013

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abril 06, 2013

Sound City: el hijo no bastardo entre los docs musicales



Lo más divertido del documental es cuando Paul McCartney le pregunta a Dave Grhol (Nirvana, Foo Fighters) que si sabe cantar. Se lo pregunta en serio, como si en verdad no lo supiera, como si nunca hubiera oído hablar de él. 

Del resto, el documental todo es a-mar de música.

Si eres de los que ya no lloras por amor, o por la sociedad en que vivimos, si nada te sensibiliza ya de la política, o la economía o la religión, aquí llorarás por el arte. 

Si fuiste alguna de vez de ésos que al menos reparó la cinta de un casette o de ésos que le grababa música de la radio a tus novias, entonces entenderás lo que significa este documental, lo que significa grabar algo, lo que sea, un video, un disco, un programa de TV. 

Lo que significa en todo caso amanecer, que te den 2 o 3 días seguidos en un estudio, sin salir, tratando de arreglar un producto audiovisual. A los 15 minutos después de empezar el documental, ya estarás llorando y no pararás hasta que rueden los créditos finales. Yo lo hice. Yo lloré todo la fucking película.

Digo, pues que si fuiste de los que se repitieron It Might Get Loud, con Jimmy Page, Jack White y The Edge, deberías conocer el hermano no bastardo de estos documentales: Sound City.



abril 04, 2013

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