julio 25, 2011

Noche sin fortuna, de Andrés Caicedo, en el Colombo Americano

En el Colombo. El próximo 30 de agisto a mediodía. Dicen que es el mejor documento que se ha hecho de Caicedo, luego de que Fuguet lo tocara y lo convirtiera en oro, al mito, con Mi cuerpo es una celda.

Gran oportunidad de redimir este título para todos aquellos que nos llevamos una gran decepción con el libro.

Se recomienda madrugar a eso de las 4 y 30 de la mañana para que le toque puesto.


julio 22, 2011

Tres Tremendos Travellings

Empiezo con éste:

Puesto #3

Secuencia final de Los Cuatrocientos Golpes, espero encontrar mis otros dos top travellings de lo que he visto.

Lecciones de oscuridad, por Werner Herzog


Eran los 90´s y todavía estaba de moda rotular ese cine anti-hollywood y era fácil y era anticuado al mismo tiempo, también. 

Solo tenías que revisar el final de la película y determinar si la obra tenía un final feliz o si tenía un final no tan feliz, sino más bien triste o tal vez un poco extraño.

Entonces, ahí estaba el rey. El gran delegador de finales kind-of-weird, pero sobre todo de tramas soporíferas y extremadamente simples.

Sí, en efecto. Hablo de Herzog. El director alemán más influyente en el cine de la posguerra. Ese, beibi-bumer que hacía escandalizar a las universitarias de los 80´s con sus dramas sin concesiones y con cero redención al mismo tiempo.

Herzog: ese gran científico que logró, y sigue demostrando (Encuentros al final del mundo, Stroszek, Grizzly man, Lecciones de Oscuridad, Aguirre, la rabia de Dios y un largo etcétera) que en esta condición trágica del mundo siempre hay un-más-abajo, que siempre se puede tocar un nuevo fondo y caer, más y más, y más, y que precisamente ahí es donde radica el encanto.

Si usted, lejano lector, anónimo a rabiar, quiere que le hablen suavemente de Estados Unidos, ese país donde las mujeres y los niños pueden ser personas, y si le gusta que le suelten de vez en cuando filosofía de alcantarilla por medio de finas frases asesinas, no deje de sentarse a ver una de Herzog y esperar a que le caiga la guillotina inesperadamente. 

julio 18, 2011

ROMA, de Adolfo Aristaraín. Fotogramas, utopía y verso

Ver una película de Adolfo Aristaraín es sufrir una mutación frankistereana de 637 fases.

Antes del primer punto de giro, vos te estás diciendo que el tipo es un cursi y un melodramático en el exilio.

Luego, no podés entender tanto exhibicionismo de costumbres exquisitas y de declaraciones de principios y lo odias, por aburguesado de izquierda, con sus predilecciones por la cultura vinícola y  por esas posudas aficiones de librería rancia hacia Coltrain y Brahms .

Inevitable pensar en todos esos mamertos de tu país que, cuando llegan al poder, se convierten en los más corruptos y segregacionistas y amigueros, y rosqueros a la vez.

Cuando menos pensás, al minuto 50 más o menos, estás recitando frases de Bertolt Bretch, junto a sus personajes, y apuntando discursos enteros de Beckett, que Aristaraín muy bien ha sabido reciclar.

Al final, terminás de llanto corrido celebrando la profundidad de las verdades eternas (en piyama y entre cobijas, frente a la chimenea y con un vaso de guaro en las manos)  que películas como Martín Hache, Un lugar en el Mundo y Roma, tan divinamente han sabido filmar y descubrir para vos, así estemos atestiguando un tiempo de final de las utopías y muy a pesar del pesado de Aristaraín también.
 

julio 16, 2011

Betty Blue REVISITADA

Es la típica historia de esa novia loca que alguna vez todos tuvimos.

Esa que muchas noches nos hizo pasar vergüenzas en sitios públicos, con dos o tres tequilas en la cabeza, y que siempre quiso llenarnos la cabeza con sus cucarachas bohemias.

Digamos que Betty Blue, la película, es un subproducto de la liberación sexual de los 60´s y representa todo el fracaso de la imaginación en el poder.

Hoy en día, Betty Blue no nos produce ese espanto mezclado con ternura que nos produjo en la década de los 80´s.

Hoy Betty Blue produce sensación de lejanía como el fogonazo de un trueno que amagó que iba a caer y que sólo alcanzamos a ver con el rabillo del ojo.

Se rescata que, en el corte del director, se ven menos imágenes grotescas que en el corte del productor.

Eso sí, la banda sonora, como pocas.

julio 13, 2011

¿QUÉ ES EL CINE INDEPENDIENTE?







Por Eduardo Quispe
En simples palabras; ver una película que me produce la sensación de deberse a sí misma; que no está parametrada a ganar un Festival, a gustar a cierto típico crítico que cree que ver crecer la hierba es cine,

o que mostrar a 2 personas tener sexo explícito es ser arriesgado, que se esfuerza por ser “interesante” entendiéndose esto como mostrar historias bizarras (reales o ficticias), con personajes lunáticos, caricaturizados a lo MTV o Locomotion, que se introducen tubérculos al cuerpo,

 o marginales que beben su propia orina, que se tatúan con sus propias uñas arrancadas de raíz o que son adictos al insecticida para hormigas.
Las poses pop art cholo, las citas de escritores “malditos”, los embustes de intervenir un registro documental para ficcionalizar, la estética reality show, porque eso está de moda. 
Esas tonterías de manipular la imagen con filtros cochinos, o de colorcitos sicodélicos que ya son anacrónicos, de buscar ser la versión peruana y autárquica de Bresson, de intentar, y sólo eso, ser Tarantino trasnochado, Gonzales Iñarritu en ayawasca.
Darle giros a la historia, todo ese desmadre saturnino de que los malos sean buenos y los buenos no tan buenos y las fruslerías al estilo Christopher Nolan sin genio.
Osea, no hacer una película furcia que postule a que dentro de cuatro años le caiga financiamiento para el “transfer”,

una irrumación de productor o financista que siempre busca “mejorar” algunos aspectos formales y narrativos a fin de “vender mejor” la película.
Hago aquí un paréntesis: si haces una película para venderla, entonces eres más comercianteque cineasta, no sé hasta qué punto pero, no podrás negar que haces la película para que determinado público la consuma,

y utilizarás determinados códigos y parámetros de venta, algo que haga tu película “aceptable” para muchos o algunos muchos.
Nadie tiene derecho de descalificar, no pretendo hacerlo, sólo se trata de poner las cosas claras. Si alguien me dice que George Lucas es tan independiente como Rafael Arévalo, no me lo trago.

Un director puede creer en sí mismo, en sus ideas, en sus propuestas, y darse por ellas. ¿Eso es ser independiente? Las convicciones no hacen la independencia, es más podría decir que la maniatan. 
Los principios hacen la diferencia, porque está respaldado por el sentido común, por la búsqueda de bienestar comunitario, pues son en esencia éticos y morales.


Una convicción en cambio, tiende a ser ciega muchas veces, se puede confiar falsamente.

Muchos directores pueden tener la convicción de que sólo una industria puede salvar el cine, como si la cantidad, las cifras de dólares elevadas y las estéticas clasificadas, etiquetadas, empaquetadas y puestas a la venta como “novedades”, puedan ser determinantes para las calidades o mejor dicho, para la variedad,

 y no me refiero sólo a géneros, pues la industria delembrutecimiento (o lo que algunos llaman entretenimiento) es experta en brindar la ilusión de la novedad en lo repetitivo, de lo único e individual en lo que lleva código de barras. Hay que ver a un quinceañero que se cree único porque escucha a Tokio Hotel para darse cuenta de eso.
Ok, el cine necesita público para existir, pero asumir que el público es homogéneo y que por eso las películas deben serlo, me parece insultante, es asumir que al público hay que tratarlo como a débiles mentales.








Ser independiente conlleva asumir una posición radical; los cineastas de la posvanguardia rechazan la homogeneidad y la globalización de las imágenes, así como el discurso único, las imposiciones del lenguaje dictado por parámetros neocolonizantes. 
El cineasta independiente está contra la mercantilización y banalización de los valores de las imágenes, pues estas le dan forma a nuestra condición humana, nos identifican, nos dan un patrimonio cultural, nos hacen ser nosotros.


El cineasta independiente está contra lo políticamente correcto, pues de lo contrario sería un empleado más. Para ser independiente tienes que rebelarte y rechazar los discursos oficiales, navegar contracorriente, mantener una actitud y postura de crítica radical.
En el arte las palabras más comunes deben ser radicalismos contra lo establecido.
Los cineastas viven y producen el constante desplazamiento del mundo del arte, en muchos aspectos. El lenguaje audiovisual ha cambiado y está cambiando, pero es más significativo el caso del cine.

De la vanguardia se heredaron la experimentación, los planteamientoseclécticos, lo multidisciplinario, el dialogo con las otras artes, la asimilación de los avances del pensamiento, de la filosofía, de la estética,

los nuevos enfoques históricos, los revisionismos y todo aquello que se opone a que las cosas estén bien tal como están en beneficio de los de siempre.
El cine puede ser un instrumento de resistencia, una acción política; arriesgarse a equivocarse, ir a la incertidumbre en vez de conformarse con un falso saber impuesto. Cómo diría Ángel Quintana de Cahiers du cinema: 
“El cine digital no ha servido únicamente para crear los mundos en los que Lara Croft acabará ganando el Oscar a la mejor actriz, sino también para aumentar el deseo de filmar las ruinas de nuestra civilización.”
Carlos Losilla dice: “¿Por qué no ser radicales? ¿Por qué no poner al espectador contra las cuerdas del sentido, de sus límites? ¿Por qué no aniquilar todas sus certezas para salvaguardar la excitación de la búsqueda constante?”
Ahora, para muchos el cine “independiente” ya tiene fórmulas.
Más allá de presupuestos, financiamientos, de formatos, soportes y asuntos técnicos, la independencia es autonomía, es hacer la película menos dependiente de un factor de gusto externo, sea este el de un “público”, el perfil de un festival, la endogamia con la crítica, y sobre todo, la concesión con el lenguaje homogenizado, industrializado. Que una película independiente intente “ser” como una película de industria, o que busque codearse con el circulito indie sundanceado o, como diría Alberto Fuguet, rotterdaniano, es casi como vender sándwiches al costado de Mc Donalds.
Pero, justamente para eso vale la pena poner las cosas claras, porque si ser independiente es la etiqueta que te hacer estar dentro del sistema sin ser parte de él (osea, sí, pero no) entonces es un embuste, una patraña. Tomar coca cola o pepsi no importa mucho, un independiente preferirá siempre un emoliente en la esquina.
Ser cineasta independiente no es cómodo, es peligroso. Si sólo se tratara de armar historiasfrikis, de buscar tipologías seudo marginales, de estéticas extremistas que rayan entre elvideoarte y el videoclip, la cosa sería tranquila.
Se trata de decir lo que otros callan, de no escudarse en la tibieza, de incomodar, de no deberle nada a nadie, para tener siempre la libertad de no tener reparos en lo que se dice, de mearse en el protocolo, en lo políticamente correcto, de zurrarse en las normas de viejos enciclopedistas con sus miles de “esto no se debe hacer”.
Podría concluir en que ser independiente es algo así como ser suicida, con todas las ventajas y compromisos que ello implica.

julio 12, 2011

Cuando la clase media se mira para adentro

"Afuera el frío embiste, adentro el vértigo"


Está el adentro y está el afuera, ese lugar donde podríamos vivir cómodamente en la eternidad, si fuéramos inmortales.

Y, estamos tan acostumbrados a ver la paja en el ojo ajeno que, cuando descubrimos la viga en el propio, corremos con el riesgo de no soportar el horrendo, atroz espectáculo que siempre nos ha corrido pierna arriba.

En esta Geminis de Albertina Carri, suerte de seguidilla de auto-enciclopedia tipo La Historia Oficial II, capaz que el shock fue insuperable y llevó a una distinguida representante de la clase media emergente, a la pérdida de cordura total.

Si usted quiere ver una de las escenas de llanto más bien logradas en el cine, no deje de ver Geminis.

Y es que hay un asunto de delgada línea en estas nuevas propuestas del cine independiente argentino donde el sistema de causas y efectos se cae por su propio peso para dar paso a secuencias aparentemente insulsas, demasiados tiempos muertos, dirían los desenterados.

Pero no. Es el famoso cine contenido, donde siempre hay un tic-tac inaudible, acumulativo y tácito, que al final se convierte, inevitablemente, en bomba de emociones estallando y la vida explotando en mil pedazos.

Pienso mucho en los directores de cine colombiano cuando dejen de hacer pornomiseria, cuando dejen de mirar para afuera, y se miren para el interior de sus podridos corazones clasemedieros. ¡BUUUUUUUUMMMM!

El cine argentino, en este sentido, siempre ha hecho muy bien la tarea... !BUUUUUUUUMMMM!

julio 08, 2011

Juno, con Ellen Page

Nunca, por nada del mundo, compraría una mentira sobre el madresolterismo y el mamerto tema del embarazo pubertino, excepto si esa mentira es protagonizada por Ellen Page, la niña más cool del cine independiente norteamericano en la actualidad, y si además el producto alberga otros plus del pop gringo como canciones de Sonic Youth, diálogos tipo Douglas Coupland con referentes de la Era Espacial y muchos centros comerciales de suburbio, y muchas sodas en desechable con tapa, también.