noviembre 21, 2010

Velódromo, dir. Alberto Fuguet

En este mundo siempre se corre con el riesgo de ser tildado de "disfuncional" cuando no se tiene la suficiente habilidad para masificarse.

Igual, cuando no sos capaz de quedarte callado, (o desarrollar la hipócrita capacidad de hacerte el bobo ante los hedores institucionales).

En Colombia te pueden matar. En otras sociedades más tolerantes, te confinan.

Pero por A o por B, si no puedes encajar tu culo en la gran vacinilla de la mierda establecida, entonces preparate.

Hoy en día, sos un disfuncional si no decís lo correcto. Sos un disfuncional si te "carga" la clase emergente que se deja humillar y/o venden hasta-la-mamá por conservar un trabajo.

Más que méritos laborales, pareciera que la clave de la supervivencia, en la actualidad, residiera en cuidarse de nunca quedar mal con nadie; de comer sano y de pensar siempre que los pobres tienen la razón.

Por ello, tal vez, este Ariel Roth, personaje central de los extraradios, tenga mucho de heróico. Un tipo que es capaz de plantársele al sistema y decirle que, most-of-the-time, la gente apesta y que por eso prefiere freelanzear desde su casa.

Lástima que esta actitud sea posible nada más que en una película. En la vida real, es de temerse que las cosas sean a otro precio.

Para destacar, el grano de VELÓDROMO: Dios! Como si la hubieran rodado toda con una puta handycam! Y qué bien le luce.

noviembre 16, 2010

La muerte de un burócrata perdido en la traducción

En vez de botarle tanto escape al onanista y sobrevalorado cine colombiano, por qué este blog no se detiene más en obras como Lost in Traslation, por ejemplo, y así ejercitar el olvidado arte de la celebración antes que el de la renegación?

Por qué no postear más trailers de películas como la Muerte de un burócrata, para reírse de este cáncer social que, en vez de mejorar, se vuelve más cínico y más descarado conforme el siglo entra en nuestra querida república bananera?

Por qué? Por qué?




noviembre 07, 2010

Los bichos raros de América Latina

Con una cámara bien enclavada en el trípode, El Vuelco del Cangrejo logra fijar sus grisáceamente logrados paisajes en la retina del espectador. Uno se aleja de la historia y la memoria sigue en el Pacífico vallecaucano.Su tempo también logra capturar el sentido del tiempo en zonas costaneras. Noción digna de la mejor de las candidaturas al sello "cine indie", tal como se entiende en el Sundance Channel.

Simpático, pero no extraño, resulta que el antagonista de esta historia sea un paisa o que, al menos, se llame "El Paisa". Simpático por lo predecible y obvio del gesto, pero no demasiado tampoco, pues ya sabemos sobre la fundada, o infundada, animadversión de la intelectualidad caleña, por el colonialismo natural en el espíritu de los antioqueños.

Tampoco debemos olvidar que esta bella pieza cinematográfica, en rigor, es una tesis de grado asesorada por Oscar Campo, un profesor que no desaprovecha papayazo para pronunciarse neciamente en contra de los paisas cuando juega de local en su Cali del alma (fui víctima de ello en sendo almuerzo en Unicentro, justo al frente de la Universidad del Valle). (No así cuando se trata de ser homenajeado en Medellín).

Pero ya basta de paréntesis que no vienen al caso. Con todo lo bien intencionada que pretende ser esta obra (alegando a favor de los históricos derechos sobre las tierras), ella no deja de ser una mirada de niñito-rico-blanco (Oscar Ruiz Navia), cuya incapacidad para registrar al hombre negro es más que evidente: en la cinta los negros vuelven a ser filmados como bichos raros. Más cineastas colombianos haciendo su agosto de nuevo, para conseguir becas en Europa.

noviembre 01, 2010

Los dioses deben estar locos

Fue un largo fin de semana lleno de rodajes. Los cursos de audiovisuales están grabando sus proyectos finales, y de algún modo recibí invitaciones de amigos para verlos y así estuve de visita en 3 platós distintos, viendo cómo anda la movida local.

Muy sorprendente la cantidad de gente haciendo y haciendo. No demasiado, mirando el tema desde un punto de vista de las facilidades tecnológicas. Pero suficientemente sorprendente como para sospechar de todos esos festivales nacionales de cine, que limitan la industria a 5 o diez películas.

Qué pasa? Es que solo se le puede llamar "película" a los productos arrojados por el Ministerio de Cultura? Qué hay de toda esa gente en los barrios con dos o tres largometrajes para exhibir?

En estos 3 días hablé con realizadores anónimos que me mostraron sus roches de largometrajes guardados en un cajón. Los hicieron sin lagartearle a nadie, de pura mística, saltándose el gran océano burocrático, en silencio y sin tanto autobomobo como el garantizado por Proimágenes y Movimiento.

Quizás, esos verdaderos autores anónimos nunca puedan aspirar a llenar esa-botella-de-Cocacola-con-aguapanela que pretende ser el "cine colombiano", pues muchos de ellos no tienen los nombres biblícos que exige un país de castas como Colombia, (donde en el reinado nunca podrá ganar ninguna mujer llamada Yurledy o Melissa).

Igual, en el caso de ese cine "todo lo que somos", es difícil que se cuele algún Hamilton o Arlex o Jeisson, porque parece que la tradición no lo permite.

Pero, me vengo a casa con esta bella certeza. Que el cine colombiano palpita y que va mucho, mucho más allá de los 5 amigos de Víctor Gaviria y demás pornomiserabilistas.

Escuadrones anónimos de cineastas crecen a oscuras en las laderas y en los llanos menos pensados. Algún día dejarán de estar agazapados y a este Estado infame, como siempre, le saltará la liebre donde menos se lo piense.

Quedará, también, solo quedarse dormido, mientras la pantalla arroja los descaches del Dr Katz.