junio 28, 2010

Los viajes del viento, ni media fibra en mi interior

Por fin pude ver L.V.D.V.  y me alegro de haber esperado, de no habérmela visto en cine, de habérmela visto  sin el sorround y sin el dolby y sin el cinemascope que, sabía, me irían a nublar la vista. 

La vi en DVD, porque quería saber si era tan cine-cine-cine, como decían. Si aguantaba más allá del papel.

 Y como me lo temía, me pasó más o menos lo mismo que me pasa con la música de Juanes y de Shakira: me pareció una construcción más de la ultraderecha colombiana (obviamente para quedar bien en el exterior, porque eso son este tipo de productos tan de lobby: construcciones mediáticas de una clase dominante al interior de una sociedad). 

Lo mismo que con Juanes y Shakira, me pareció que la película tiene esa jactanciosa actitud clasemediera de colgarse una mochila  kogui al hombro para madrugar a clase de 6 en la "Ponti". Esa misma cosa que no dejó ganar, me parece a mí, a Antanas Mockus, porque en realidad, en el fondo, aquí nadie cree en eso. Aquí todavía no estamos para cine étnico de teatro institucional un sábado a las 10 de la mañana. Aquí no estamos para gestos académicos, porque en Colombia la intelectualidad es solo eso: una pose y de las más arribistas y excluyentes. 

 Qué lástima que Ciro Guerra se haya prestado para esto; para hacer el tonto como vehículo de una propaganda política al mejor estilo de Colombia Es Pasión.

Y lo siento por él, qué lástima, repito, porque me pareció que La Sombra del caminante tenía sustancia. 

Ha sido profanado  el santo sepulcro del realismo mágico!

 Pensaron, los que te dieron la plata,  que con un super director de fotografía bastaba, con la chimba de equipo. Pero la plata no lo hace todo y por eso posteo esta película aquí y por eso tengo este blog. Para demostrar eso.

Sí, muy vacana la plata en el cine, pero otra vez quedaron faltando cinco pa'l peso, siento informar.   
No, no funciona. No funcionó. 

El día que vino Ciro a presentar su película por primera vez a Medellín, me lo encontré en el restaurante del Colombo Americano. Yo estaba en una mesa contigua con dos alumnas y me dieron ganas de acercármele y decirle que lo admiraba por todo lo bien que hablaban de él y por la bendición que le habían echado Víctor Gaviria y Gabo. Me intimidé y más bien les dije a mis alumnas: 'Miren, ése es Ciro Guerra, el director más prometedor de la naciente industria colombiana'.

Hoy me alegro de no habérmele acercado y de no decirle nada. Me alegro de no haber podido entrar ese día a la premier y de haber llegado tarde y de que me haya quedado sin boleta.

 Hoy en día, un año después, la "industria" no se asoma ni inundando los Éxitos de "cine colombiano" y Los Viajes del Viento no ganaron en Cannes, ni en Sundance, ni en Los Oscar, y el mito de Francisco El Hombre es una caricatura más en el museo del horror colombiano, gracias a Los Viajes del Viento.

Y lo peor: Los Viajes del Viento no me dijeron nada, no me tocaron, no soplaron ni hicieron resonar ni media fibra, en mi interior. Macondo, me parece a mí, sigue intraducible al lenguaje cinematográfico.

junio 27, 2010

Duchas f®ías

Un poco de realismo social, mitad cine erótico y en el medio crueldad femenina y valores morales límite, éste es un producto cinematográfico verosímil y de factura muy aceptable. Nada caro y muy bien actuado, sin la ausencia de esas dos o tres buenas ideas tan idóneas en una pieza artística, sea el género que sea.

junio 26, 2010

Vigila y castiga

A veces hay que pararse delante de un tablero, a dictar una clase, para darse cuenta de que el mundo se ha convertido en una amalgama de seres desafectivizados, con las figuras paternas desdibujadas, al cual no queda más remedio que vigilar y castigar.

Para nadie es un secreto que no es lo mismo enseñar hoy en día que enseñar hace 30 años, cuando todavía los pubertinos  salíamos de la casa con el chip del respeto.

Esta película, hecha en video, nos muestra el estado de esas cosillas y de unas cuantas más.

junio 24, 2010

Y el mito sigue

Hay pelis que mejoran con el tiempo; pero no son muchas, son pocas, y el rango de mejoría en esa inmensa menoría es casi imperceptible; vos las ves y la sensación general se puede mantener, pero los shocks eléctricos apenas echan chispa.

 La primera vez que vi a esta Baskiat, mucho antes de que explosionara el mito en la red y todo el mundo publicara un material  del verdadero Jean Michel en Youtube, me pareció un historia sosa, rara, como un pescado en el techo. Teníamos 27 años, Baskiat y yo y esperábamos de la vida la pulpa, la sustancia. 

Luego la volví a ver en New York y me pareció pertinente por lo que yo veía a través de mi ventana salpicada por los copos de nieve y el vaho de sus veranos y por su movida artística también. La publiqué en este blog y no la supe mirar en su real dimensión.

Pero ahora la veo de nuevo y la obra reverdece. Los centelleos de calidad se disparan y rompen todos los niveles en la zona de éxtasis. Baskiat es una cinta muy inspirada e inspiradora, mientras el mito detrás del personaje está más saludable y joven que nunca.

Escribo esto mientras la selección Italia, selección neoyorkina por excelencia, ha sido eliminada del mundial. Pienso en Astoria, pienso en que tal vez el Jardín de la Cerveza está celebrando la clasificación de Eslovaquia y llorando el papel de los europeos en general. Pienso en Baskiat. Pienso en los mitos. Pienso en una ciudad.

junio 20, 2010

Arriba, en el aire

Hubo un tiempo en que cualquiera podía acceder a crédito en Estados Unidos. Ibas a Macy's y, con solo presentar la cuenta de la luz, te daban un cupo de 500 dólares. Lo mismo sucedía con el sueño de una casa. De repente, todos se estaban empeñando por la facilidad de los créditos. Nos la creímos, íbamos a Best Buy, a Target, y salíamos con una gran sonrisa en la boca.

Qué pasó? Todos nos largamos a fiar, aunque muchos, la mayoría, sabíamos que no podíamos pagar. Y entonces, el paraíso se nos hizo trizas. Tuvimos que devolver nuestras casas, ponerlas en venta, rematarlas, sub-hipotecarlas, abandonarlas, venirnos para donde estaban nuestras raíces y poner un aviso en alguna playa de Miami que dijera 'FOR SALE, NOW 200 THOUSAND. BEFORE 500'; decirle a la voz en el teléfono que nos sacara del sistema, en otras palabras, se nos reventó la burbuja.

Esta película habla de eso. Viene de la línea brava del cine independiente (JUNO, GRACIAS POR FUMAR), pero ahora reciclado por Hollywood. Habla de estar en la carretera, de asimilar el varillazo, pero de tratar, de no perder el sueño. Es una gran reflexión sobre la gran crisis económica que afectó al mundo a principios de este siglo y de la que solamente Latinoamérica hizo la tarea, aunque obviamente nada de esto se habla, a no ser que sea tácitamente.

junio 13, 2010

Pasaporte al blanco y negro de nuestras vidas

Lo que más me gusta de las pocas películas que he visto de Uruguay es que muestran las calles, te llevan allá, te ponen a recorrer sus ciudades, te muestran el país, casi sin tocar el atrezzo ni la dirección artística.

En esta Gigante el cabezazo cinematográfico va más de la mano de la simpleza, el discreto encanto de la estaticidad, acaso en cómo las entradas y salidas a cuadro dependen más del paneo que del expresionismo actoral.

El tema de la soledad y de cómo se le va la vida a la gente en el siglo 21. "Qué triste se nos fue la vida", dicen los Caifanes; "... y ver qué pasa allá afuera: no todo el mundo tiene primaveras", dice Fito.

Pero la verdad es que no es tan melodramática la vaina, cuando las historias no tienen que focalizarse en lo grosso del momento, en el tremendismo de agresiones caníbales de las repúblicas bananeras. Pasarán muchos lustros antes de que un país como Colombia, por ejemplo, pueda ofrecer una película de este porte.

Tumbando el mito de buen-cine=industria

Decía Aristóteles que la historia ideal debía proponer un tiempo intrínseco de 24 horas, representado en hora y media.

Fue tomado por loco.

Eran tiempos cuando la interpretación de una obra escenográfica podía durar, en tiempo real, hasta semanas, y los espectadores acudían a las funciones con fiambre y cobija.

Hoy día las cosas no han cambiado demasiado en cuanto al timing ideal de una narración on stage. Y aunque odio clasificar el arte, voy a poner esta obra maestra del cine contemporáneo en la carpeta de Hitos Cinematográficos. Las comparación es inevitable con Do the rIght thing de Spike Lee.

Había que esperar tanto para tener nuestro propio monumento al realismo social moderno?

Difícil saberlo; pero Uruguay con 25 Watts ha demostrado que es falso eso de que "hay que tener una industria" para hacer buenas películas.