junio 29, 2008

Gente como uno



(A Memo Grisales, padre, q.e.p.d.)

Es ORDINARY PEOPLE la película más importante de la cinematografía norteamericana? Personalmente a mí se me hace difícil creerlo cuando lo leo por ahí en innumerables publicaciones. Pero algo de cierto debe tener. Después de LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ uno podría aseverar que ORDINARY PEOPLE se hace pipí sobre las miles y miles de obras pertenecientes a la industria más poderosa del mundo. Estamos hablando de una sociedad que, en múltiples sentidos, ha convertido su modus vivendi en una gran corporación. De eso se trata ORDINARY PEOPLE aunque la trama no haga alusión expresa al asunto. Y bueno, lo mejor de todo es que de este manjar nos han hecho comer los gringos al resto de las sociedades.

Como ocurre en ORDINARY PEOPLE, Todo, absolutamente todo en tu occidentalizada vida tiene que estar bajo control y todo tiene que ir acompañado de una gran sonrisa en el rostro, (como si no fuéramos humanos, como si en la vida lo negativo no existiera). En el estilo de vida americano, lo negativo puede existir pero no en tu patio. "Not in my backyard", dicen ellos cuando se refieren a los colores oscuros. Es esa cosa fascista de negar tu mierda; esa cosa de que cagás y no mirás el bollo. Esa cosa que los desplazados están en los semáforos pidiendo plata y vos salís a decir que tu sociedad es un modelo a seguir. Esa cosa de que te cagás en los pantalones y preferís taparte la nariz antes que irte a limpiar. Es esa cosa de dejar que el tiempo endurezca esa mierda en tus calzoncillos hasta que venga un nuevo día y ya hayás aprendido a cagar en un sanitario como dios manda. Linda la metáfora!

No?

Qué pasa cuando la realidad toca a tu puerta? Qué pasa? Acaso somos maquinaria pesada? Acaso robots? No tenemos derecho al error y sobre todo a esa cosa que está presente en nuestras verdades más contundentes y que se llama MUERTE???

De eso se trata ORDINARY PEOPLE. La historia de un raro. Alguien que decide no estar feliz más, porque no le nace. Por problemas que pasan en la vida, a uno, a veces, no le da la gana de salir sonriendo en la foto, porque de pronto ha decidido convivir con eso que llaman fatalidad y porque, tal vez, se ha dado cuenta que a partir de allí se puede disfrutar más y mejor la vida: sabiendo que controlamos una nave incontrolable. Haciéndole frente a nuestros traumas; exigiendo el derecho a arrebatar lo que nos puede pertenecer así no sea de nosotros.

Qué la tragedia está a la vuelta de la esquina? Eso lo debemos no sólo recordar, sino tenerlo presente a cada minuto y especialmente, debemos tratar de ponerlo en escena; como una forma de curar el dolor mismo que produce el hecho de que el dolor duela. Y si te sale de los cojones hacerlo con depresión, adelante! No importa que tu jefe, el día de hoy, rebaje sus ventas por culpa de tu inactividad.

Debemos rechazar la violencia? O qué tal, mejor, aprender a convivir con la violencia? Que tal voltearse y mirar ese pedazo de mierda que ha salido de tu ser. Es parte de ti y debes aceptarlo. Podrías llevarte una sorpresa. Podrías enterarte que estás lleno de amebas comiéndote tu cerebro. O tal vez prefieras no cagar y dejar que la mierda se almacene perpetuamente en tu interior.

Ambientada en la exitosa década de los 80's, ORDINARY PEOPLE nos cuenta la historia de una familia nuclear (debemos decir familia funcional? acudimos al mismo concepto cuando decimos familia nuclear y/o funcional?), la cual, por cuenta de su status de clase media, parece tenerlo todo controlado: su vida social, sus hábitos, su esplendor y, por qué no, hasta sus risas. Ellos saben exactamente dónde y cuándo y pelar las muelas: bajo memorando y siempre por los conductos regulares (como si la vida humana, de una compañía de salchichas se tratará).

Si embargo, un día la muerte llega a sus vidas y ellos, en medio de la cúspide del esplendor americano, sólo les queda limitarse a lucir la muerte como si fuera un pecado.

Ah???!! Hágame el favor!

Eso, que muchos de nuestros antepasados indígenas asumían como un fenómeno inherente a la vida, nosotros nos limitamos a satanizarlo y a vivenciarlo en "el ámbito de lo privado" como si fuera la cosa más horrible del mundo. Mientras ellos expresaban sus sentimientos hacia afuera, nosotros lo expresamos hacia adentro (que es como decir que no sabemos expresarlos).



A qué sociedad tarada se le ocurre asumir la vida como una entidad separada de la muerte? Adivinen?

Pues a la occidental. De este modo, el paso por el mundo se tiene que reducir a todo un ritual de la vergüenza. Para el caso en mención, la familia de Conrad, nuestro héroe, se queda sin fórmulas para llevar a cabo el duelo de su hermano muerto. Dónde está esa gran panacea empresarial que diga cómo se llora o cómo se asume el dolor. Vete al sicólogo, hablar te hará bien. No te metas un balazo ni mortifiques a tus allegados con la mala cara. No jodas a nadie con tus depresiones. Sigue con tus clases de natación. No alteres el paisaje natural con tu actitud. No avergüences a la familia. Sigue al pie de la letra tus terapias. No actúes tan raro; los chicos no lloran. Pero sobre todo: NO DEJES DE PRODUCIR, el show debe continuar; tienes que ser una máquina cuyos sentimientos no pueden alterar tu ritmo de vida. Y sobre todo: NO TE ENLOQUEZCAAAAAAAAAASSSSSS!!!!!! Ya te lo dije: Prohibido abandonar la terapia.

Qué dirán los vecinos? Qué dirán los amigos del club? Que no somos felices, imaginate: dirán que en esta casa, en este sistema, en esta empresa, en esta sociedad no cagamos flores. Y eso no puede pasar. El mensaje debe quedar muy claro: en esta casa todavía cagamos flores y nos merecemos el Toyota que tenemos en el garaje.

Lo bueno de ORDINARY PEOPLE es que al final los fachos, o sea esa mentalidad corporativa de Miss Perfección, se van, y los buenos se quedan con sus debilidades y sus esperanzas. Al final el amor lo redime todo y no los amigos del club ni los compañeros de la empresa. Lo malo, es que en la realidad eso nunca sucede. En la realidad los fachos siempre se quedan y siempre arrasan con todo. Así de sencillo.

junio 25, 2008

Llamamos al autor

Llamamos al autor (Nick Cave)

Lo que alguna vez creímos haber tenido,
en realidad no lo teníamos
Y lo que tenemos ahora nunca más será igual

Así que llamamos al autor para que explique
Nuestros chicos con tumores mucosos pasean por la calle
Les evitamos el trabajo esclavo

Los pobrecitos parecen tan tristes y viejos
Mientras nos montan por detrás
¡Les pido que desistan y reflexionen!

Y después llamamos al autor para que dé explicaciones
La mano aferrada a un rosario
Murió con tubos en la nariz

Y un grupo de ángeles que tocaban platillos con dedos
Cantó su nombre en código
Sacudimos nuestros puños hacia la lluvia castigadora
Y llamamos al autor para que dé explicaciones

Dijo, todo es un desastre por acá
Todo es banal y pueril
Hay una conspiración planetaria contra los tipos como vos y yo
En este idiota distrito de la luna
Bueno, ¡él sabía exactamente a quién culpar!
Y llamamos al autor para que dé explicaciones
¡Verborragia! ¡Verborragia!

Nada que un par de tijeras no pueda arreglar
Bueno, salí de gurú por la calle
Y los jóvenes se reunieron alrededor de mis pies
Y me preguntaron cosas –pero no supe por dónde empezar
Encendieron la mecha directo al corazón de mi padre
Y sí, una vez más

Llamo al autor para que dé explicaciones
¿Qué es esta gran cosa perruna, esta carga esclavizante
Que vuelve mediocres a cada uno de mis pensamientos?
Me siento como una aspiradora, ¡un completo chupador!
Está todo mal y él es un hijo de puta
¡Pero qué cerebro tan enorme y enciclopédico!
Llamo al autor para que dé explicaciones

Discriminación rampante,
Pobreza masiva, deuda del tercer mundo
Enfermedades infecciosas, inequidad global
Y divisiones socioeconómicas que se profundizan
Como la brecha en tu cerebro
Y llamamos al autor para que explique

Un momento

¡Mi amigo Doug golpea la ventana!
Ey, Doug, ¿cómo estás? (ey, Doug)
Bueno, me trae un libro sobre poesía del Holocausto –con ilustraciones
Y después me dice que me prepare para la lluvia
Y llamamos al autor para que dé explicaciones
¡Verborragia! ¡Verborragia!
Nada que un par de tijeras no pueda arreglar

¡Bukowski era un pajero!
¡Berryman era mejor!
Escribía como papel maché húmedo
Pero fue por el camino Hemming
Raro, con alas y con máximo dolor
Llamamos al autor para que dé explicaciones
Desde mi refugio veo que han publicado
Otro volumen de basura desarticulada
“Las olas, las olas eran soldados moviéndose”

Bueno, gracias. ¡Gracias!
Llamo al autor para que dé explicaciones
¡Verborragia! ¡Verborragia!
Nada que un par de tijeras no pueda arreglar.


"No hay ley. Sólo la que hacés vos"



Hace poco, un amigo de Miami me dijo: "Dejá de escribir de política, escribí sobre cine, o sobre rock". Yo me dije para mí mismo,"con razón estamos como estamos". También pensé que una de las discusiones más importantes que se está llevando a cabo en el cine actual gira alrededor del tema del debilitamiento del estado frente a las grandes corporaciones. Digo importante porque de una vez por todas el pensamiento político ha llegado a los labios de los espectadores comunes y, sobre todo, de los jóvenes aquí en Estados Unidos. El tema de las corporaciones fue puesto de forma frontal sobre la mesa por el documental The Corporation a finales de la década pasada y desde entonces no ha parado la andanada de películas emitiendo su voz de alerta. Desde el cine independiente más recalcitrante (La Cuarta Guerra Mundial, por ejemplo) hasta los títulos más conservadores de Hollywood (In good Company, por ejemplo), se muestran preocupados por el avance corporativo en detrimento de los deberes constitucionales de una nación.

Qué ha hecho que una industria tan millonaria como el cine se vuelque a ventilar el asunto? Tal vez sea la certeza de que, de acuerdo a las nuevas dinámicas comerciales y los planteamientos neoliberales del coloso del norte, cualquier persona puede crear un micro-estado. También puede ser que ante tamaña eventualidad todos nos estamos sintiendo precariamente vulnerables. Lo cierto es que desde el momento mismo en que se firmó la ley de libertades civiles para los esclavos en Norteamérica se establecieron las condiciones para que la empresa privada aprovechara las oportunidades y fue ahí donde se armó Troya. Como quien dice la verdadera Tercera Guerra Mundial había nacido antes que la Primera y los países se habían entregado, convirtiéndose en enemigos pequeños ante la codicia reiterativa de las empresas.

Pero antes de profundizar en este punto, quisiera ahondar en otro aspecto mucho más preocupante. Bien es sabido que en el mundo estamos y la lucha cuerpo a cuerpo es inherente a la naturaleza humana. Lo que se hace de verdad preocupante es el papel de la prensa , esos legitimadores sociales de la verdad, ante el conflicto. Ante tanto auge de buenas intenciones y expresiones políticamente correctas no puede haber más que un encubrimiento de distracción. En Colombia, por ejemplo, la prensa fue cómplice por omisión de las barbaries más largas de la humanidad. Sólo ahora con el apogeo del Internet, los medios de comunicación oficiales se dignan a montarse en el bus de la victoria denunciando una situación de paramilitarismo que debió haberse denunciado desde hace cuarenta años atrás.

Será que a Hollywood le está pasando lo mismo? Será que el cine norteamericano, ese fenómeno de masas que tantas emociones ilusorias nos ha producido, está temiendo un enjuiciamiento de tipo político? Esperemos que en el mejor de los casos la conciencia humanista se haya apoderado de la industria más poderosa del cine, como parece estar pasando con los medios de comunicación colombianos. Todo esto antes de que los gringos se queden demasiado solos. 





junio 22, 2008

Una canción para Boby

Este es el tipo de pelis que se hacen para vender una ciudad, lástima que todo se haya ido con el huracán (Katrina), como en la canción de Bunbury. Volvemos a ver a Travolta bailando y cantando en las condiciones más bizarras posibles.


junio 19, 2008

Teorema de un suicidio


"Cuando miro alrededor y veo
la gente, pienso que en realidad Dios debe
tener algo en contra de nosotros"
 WERNER HERZOG.


Nadie sabe lo que le ha pasado al lector. Nadie sabe si el lector ha ido a una de esas películas de donde uno sale con la historia en la cabeza. O como diría Andrés Caicedo: una de esas películas que siguen entre ceja y ceja con el transcurso de las semanas. Una de esas películas, como la de un "mancito" que decide hacer un quiebre en su vida y viaja a Alaska a documentar la vida de los osos y al mismo tiempo, dizque a protegerlos. Nada de ficción. Puro documental. Aquí el man va es a lo que va, aunque, en el fondo, él sabe que lo que quiere hacer es una película. Mejor dicho: el man no tiene ni puta idea de lo que es real y lo que es ficción. Hace tiempo que ha perdido esa distinción.

Pero nosotros, en calidad de ávidos espectadores, nunca podremos afirmar que lo plasmado en un film pueda acercarse a la realidad. Lo que está plasmado en una película siempre será una representación de esa realidad, así como un espejo es la representación de la realidad, más no es la realidad misma. Y el héroe de Herzog, nuestro héroe, en el fondo lo sabe.Y entonces, el man pasa los años filmando a los osos y estableciendo una comunicación con ellos hasta el punto de convencerse de la aceptación, el entendimiento y la mancomunidad entre hombre y salvajismo.

Yo no sé, lector, si a usted le ha pasado. Pero a mí no. Mejor dicho; sí. Me pasó con Grizzly Man y hace tiempo no me pasaba con ninguna otra película. (Con el advenimiento de la edad he aprendido a zafarme de la capacidad de asombro). Diariamente me veo dos o tres películas y las contemplo con ojo clínico y ello ha hecho que el cine me sea, cada vez, más artificial. Lo mismo me pasa con la vida y con los libros. Puedo decir que, a cierto nivel, hay pocas cosas que parecen reales, o serias o insólitas; o increíbles con mayúsculas y con signo de admiración al final, como lo puede ser por ejemplo un ataque al corazón. Eso sí sería serio. Lo es. Un ataque al corazón es muy serio. Es real. Como dice el mismo Herzog: "los únicos idealistas son los niños".

Pero con esta película sí me pasó. Estuve las dos horas agarrado al brazo de mi mujer como si estuviéramos montados en un avión que se va a estrellar. Yo no podía creer que el co-realizador de la película, una persona cuarentona, inteligente y educada, llegue a ese grado de sensibilización autodestructiva y que, encima de todo, venga un genio como Herzog y haga una película de la película. Pasó en Estados Unidos. Hay que estar muy zafado.

Uno sale del teatro y la imágenes persisten en la cabeza. Pasan los días y la película sigue ahí. Un ex alcohólico que toda su infancia se la pasó durmiendo con un osito de peluche al lado. Pasan los años y trata de meterse en el star-system pero fracasa. Su sueño de volverse actor se va al tarro de la basura. Se vuelve alcohólico y funda una organización ecológica. Adora a las mujeres, pero tiene una novia. No puede ser promiscuo. Estamos hablando de un hedonista. Lo que dice y hace ante la cámara parecen las cosas que dice y hace un tío que se ha colocado. Agarra una cámara de video y ahí lo tenemos, en Alaska grabando a los osos grizzly, osos salvajes, osos con el instinto asesino a flor de piel. El mancito todo el tiempo está diciendo a cámara de lo sensible que él es, de todo lo preocupado que vive por la mano destructora del hombre. De cómo nos estamos cargando a la naturaleza.

Hasta ahí bien. Uno con la respiración contenida porque sabe que esos osos se lo van a merendar. Esos osos ya se lo han merendado. Pero uno está intrigado porque quiere saber cómo sucedió. Cómo es que alguien puede ser tan pendejo de creer que puede parceriar con los osos Grizzly y cómo es que Herzog pudo haber terminado un proyecto cinematográfico que no era de él: la documentación de una muerte.

La verdad es que las imágenes captadas por Timothil Treadwell son las imágenes de un verdadero artista. La belleza de los acercamientos a los osos en su ambiente natural no tienen parangón. Uno se queda con la boca abierta viendo la interacción de los osos frente al intruso de la cámara. Inolvidable el plano donde atestiguamos el combate cuerpo a cuerpo entre un macho y una hembra, con la narración y comentarios 'on of the record' del propio Timothy. Ni el mismo Kurosawa se hubiera soñado la composición de un plano como ésos.

Pero lo más interesante del documental es el momento donde Herzog decide tomar partido y abandonar su posición objetiva ante este drama. Herzog se inmiscuye. Deja de admirar la capacidad documentalista de Timothy para ejecutar su propio jalón de orejas y decirle a Timothy de lo equivocado que estaba en su visión de ecologista. Palabras más, palabras menos, Herzog asevera que en este mundo uno tiene dos opciones: o ver el vaso medio vacío, o ver el vaso medio lleno. Dice que la muerte y el caos son las dos leyes fundamentales de la existencia y que a partir de ahí nosotros tenemos que aprender a ser felices. A partir de hay todo es ganncia. Uno no puede andar rasgándose las vestiduras por la marcada tendencia a que todo se vuelva mierda, o porque nosotros seamos participes de esa decadencia. Así fue diseñado el universo. La anarquía y el aniquilamiento de lo creado son los motores que mueven a ese universo y los seres humanos lo llevamos dentro. Uhmm, interesante teoría.

El caso es que al final de Grizzly Man, uno queda con la sensación que Timothy Treadwell estaba muy aburrido con la vida y que que decide irse a convivir con los osos porque en el fondo estaba buscando el suicidio. La crónica de ese suicidio es lo que nos muestra Herzog.

Y como una forma de darle unos valores plásticos a ese suicidio, Timothy Treadwell hizo lo que hizo. Decía que él quería ser un oso, convertirse en uno de ellos, consustanciarse con el reino animal y transfigurar su "horrible" naturaleza humana en la de un dulce animalillo. Pues bien, uno de esas dulces criaturas fue la que lo pasó a guillotina. Y lo peor es que a la de su novia también. El piloto que los traía y los llevaba a Alaska, habla de unas dantescas imágenes de un oso comiéndose el tronco de una persona.

Las grabaciones de la voz de Timothy, y la de su novia mientras son cenados, son las que refuerzan el aspecto realista de la cinta. Una cinta que a fin de cuentas no se sabe de quién es. Porque había sido filmada por Timothy, pero fue editada por Werner Herzog. Los que aparecen en el roll de créditos son muchos.



Pedro Almodóvar, fantasma de sí mismo



Que me perdonen sus fans, (que los tiene por millares en todo el mundo). Pero, qué director tan predecible se ha puesto el español Pedro Almodóvar. Nada queda del artista underground aquel, padre de la movida madrileña, quien había tomado las banderas del desmadre y quien las había llevado hasta las cimas más sublimes de la expresión humana. Y es que, Qué más se podía esperar en la carrera del diseñador de obras maestras- tan insuperables -como Todo Sobre Mi Madre (1999), Hable Con Ella (2002) y La Mala Educación (2004). Su última producción, VOLVER (2006), es el típico altibajo de un artista sensible llamado a salvar el barco de la cinematografía más prometedora de la contemporaneidad: la española. Y que me tiren a la hoguera por hereje, pero esta última obra no es precisamente una narración que se encuentre a la altura del que fuera denominado como el Padre de la Patria, por ibéricos tan consagrados como Alex de La Iglesia y Julio Medem.

VOLVER, es la sobrevalorada película de tránsito de un genio que pareciera hacer su trabajo sólo por el unívoco compromiso de cumplirle a una casa productora (SONY 2006) y a una fanática crítica especializada que lo sigue con misticismo. Se agradece del director manchego que se tomara su tiempo para poblar un universo, para ambientar a un espectador y para presentar a los personajes. Son una delicia los primeros veinte minutos de cinta, en la cual se nos muestra esa constelación de emociones poblada exclusivamente por corazones femeninos.

Lo que sigue a continuación, (después del primer punto de giro, cuando es asesinado el abusador), es un alegato de diálogos sexistas llevados a cabo en el desmadre de los más forzados intentos de ocultar su ánimo didáctico.

Se le agradecen a Almodóvar esas referencias al imaginario Juanrulfesco, casi Garcíamarquiano, de superstición y de quimeras. Se le agradece a Almodóvar ésos homenajes a Chabrol y a Hitchcock en las secuencias donde Penélope Cruz trata de deshacerse del cadáver. Se le agradece a Almodóvar el momento musical de la misma Cruz evocando a Gardel (versión flamenco precipitado) y, de paso, a toda nuestra melancolía latinoamericana. Pero sus sermoneos son un desacierto telenovelezco; un devaneo de aleccionamiento.

Se aleja Almodóvar de la materia puramente cinematográfica? Sí. Ya lo había hecho antes, en todas sus películas.

Pero en VOLVER hay un punto del no retorno. La crítica a la Televisión Basura es muy escueta; le falta la elegancia y la agudeza exhibidas en Kika (1993).

Pareciera que Pedro hubiera diseñado esta historia de abuso doméstico para una cartilla escolar de noveno grado en el área de Comportamiento y Salud. Está bien que trate de reclutar nuevas adeptos a su doctrina feminista; pero qué distantes están éstas líneas argumentales del vuelo filosófico alcanzado en libretos como el de Átame (1989)y de Mujeres Al Borde De Un Ataque De Nervios (1987).

Pedro Almodóvar no deja de ser ese último autor de culto que le quedaba a Europa. Muy seguramente va a arañar los Oscar el próximo 2007. Seguramente el New York Times va a volverse a batir en aplausos y el Village Voice lo va a volver a glorificar con decenas de artículos más. Pero este Almodóvar, de VOLVER, es un Almodóvar disminuido, un Almodóvar que ahora hace cine por compromiso. No dudamos que, en una próxima obra ,vuelva por los rumbos de su negra alegría.

“Conque agarrando pueblo, hijueputas!”



Así, con esta frase, termina la obra maestra de Carlos Mayolo, filmada en la esplendorosa década de los 70’s. La recomiendo sagradamente aquí. Se trata de un retrato fidedigno al fenómeno de la porno-miseria occidental. Eran felices las gentes del primer mundo viniendo a documentar la pobreza latinoamericana, (pero no la pobreza de bolsillo; me refiero a esa otra pobreza: la pobreza mental, la pobreza del espíritu que nos dejaron los conquistadores católicos) a estudiarnos como si fuéramos bichos raros y tal parece que, aún hoy, ese vicio no se les ha quitado.

Lo mismo nos deberíamos repetir a nosotros mismos en las décadas subsiguientes y, especialmente, en este comienzo de siglo: ¡CONQUE AGARRRANDO PUEBLO, HIJUEPUTAS!

Bajo el pretexto gringo de lo culto-popular, nos hemos abocado a seguir el modelo norteamericano (¿quién no?) de ensalzar la ramplonería colombiana como si fuera un artículo de orgullo. Pero, ojo! A excepción de los dialectos callejeros, no hay nada inteligente ni elaborado en las tradiciones criollas. Antes de vitorear ciegamente el burletero espectáculo de los actualmente tan de moda comediantes criollos, me permito poner de manifiesto que hay grandes diferencias abismales entre la cultura popular norteamericana y la cultura popular colombiana, (como para que nos pongamos a copiar procedimientos de encaminamiento cultural).

El american way of life, tal como se entiende, mediáticamente hablando, está más emparentado con lo hipster y es un producto comercial menos espontáneo de lo que uno piensa. De hecho, eso que se conoce como american style nace como necesidad política. Así como cada nueva tecnología necesita una nueva guerra, la oligarquía progresista necesitaba una herramienta ideológica que supliera las necesidades conceptuales de su nuevo lugar en el concierto internacional. Léase una nueva voz para una vieja creencia; un mensaje para un nuevo medio. De este modo, la cultura popular es proyecto antes que propaganda. No fue que los gringos dijeron, ay, vamos a tomar lo que está en el aire y reproduzcámoslo en el cine y en la televisión. No. Antes fueron las cámaras. Así, la cultura popular de este país viene de un proceso de re-ingienería estrictamente diseñado para ciertos fines económicos. Es un producto más de esa gran empresa llamada “La democracia de masas”; Logro y logos de un apetito comercial bastante sofisticado. Símbolo del empuje corporativo de los anglosajones: las grandes gestas públicas y privadas entendieron que había que abonar el camino para una nueva era de remesones científicos y, por tanto, cosmogónicos. Había un grupo de avanzada, acá, y ellos entendieron que había que preparar al mundo de una manera especial. Una nueva forma de pensar que trascendiera lo doméstico pero sin abandonar lo popular. Un nuevo paradigma que ensalzara las bondades espirituales de la lógica cristiana en tiempos de paganismo fundacional.

Por el contrario, la cultura popular colombiana corresponde más a un orden de fuerzas cataclísmicas cuyos parámetros no tienen nada que ver con los planteamientos de un ciclo cósmico superior. Y es que parafraseando a Vallejo: “esa mezclita de español, indio y negro” no daba para más. Es tan enclenque la cultura popular colombiana (y tan raquítica psíquicamente hablando) que no hay mucha tela que cortar. Loables son los esfuerzos de la oficialidad criolla por aglutinar una evanescente identidad nacional; pero preciso es advertir que el espíritu alentador de un pasado común es sustancia antropológica inaplicable a los tiempos que se avecinan; poema que se podría despachar fácilmente en tres renglones.

Y es que la producción cultural de espectáculos colombianos se limita al mapa lingüístico del quehacer artesanal y al incesante maretaje de mafiosos y comediantes imitadores de voces.

Nada para exportar, señores. Mientras nuestras mentes colombianas sigan sepultadas bajo las ramas de la zona rural simbólica, sólo nos quedará decir: “Con que agarrando pueblo, hijueputas!”.

junio 17, 2008

that's all, folks!

Publico el trailer de este bodrio para celebrar la decadencia de una industria. Se ha cansado Hollywood de tener una mirada? De seguro todo era un hapenning. O de seguro todo esto tiene que ver con el encarecimiento del petróleo y la caída del dólar, who knows. Pero esta peli sólo tiene un buen comienzo, that's all, folks!

junio 15, 2008

Los lenguajes subyacentes de Brad Bird



Los Increíbles es una película de dibujos animados no tanto hecha para niños. Su casa productora, ( Walt Disney Studios), la lanza al mercado en tiempos donde la histeria política ha alcanzado su máximo punto de ebullición. Los republicanos han ganado las elecciones y necesitan reforzar sus argumentos en el plano ideológico; convencer a sus electores y al resto de la opinion pública de que su uso de la ley del más fuerte es perfectamente justificable. El Increible-papá combate en la selva, combate en la ciudad, combate en el espacio y combate en un plano más simbólico también, como el de sus propios dilemas ético-económicos, por ejemplo.

La guerra, pues, se transfiere al terreno de los lenguajes subyacentes y se libra en la mente de millones de cabecitas infantiles: las de todos aquellos niños inocentes que acuden al teatro cada día.

Si en Irak tropas de soldados se matan entre sí, aquí, en el propio Estados Unidos la lucha de siginificados no es menos sanguinaria. Ya lo habíamos presenciado con Farengheitt 911 de Michael Moore. Una vez divulgado su lastimero documental, salen al paso una serie de películas mainstream ( muchas de ellas documentales) para catapultar los valores de una cúpula guvernamental completamente vietnamizada. Estamos, entonces, ante una nueva dialéctica de lógicas en la historia del entretenimiento. Por primera vez, las multitudes responden al llamado de la cinematografía anti-sistema, tanto como han respondido siempre a las convencionales y esquemáticas cintas de propaganda yanqui .

Quedaría por contemplar un atenuante: ninguna escuela de cine en el mundo, tiene el poder industrializante de la politizada HOLLYWOOD.

Los Increibles (Bard Bird) cuenta la historia de una típica familia nuclear, que trabaja, va al colegio y pelea a la hora del desayuno como cualquier grupo familiar en los Estados Unidos, conformado por Papá-héroe, Mamá-héroe, Hijo-héroe e Hija-héroe; el mensaje tiene que quedar muy claro para esos millones de familias que consumen desprevenidamente las películas de Walt Disney: en esta sociedad cualquiera puede ser un superhéroe; en esta sociedad todos tenemos que ser superhéroes.

Los dramas de Los Increibles, pues, son los mismos dramas cotidianos de una sociedad supradesarrollada en tiempos de la Familia Picapiedra: jefes tiránizados en los puestos de trabajo, madres amorosas y cuidanderas de su roll como amas de casa; papás al borde de la desesperación.

En este orden de ideas, uno se pregunta: si Los Increíbles son una familia ordinaria de clase media, a cuyos miembros les toca defender el mundo de los villanos… por qué la familia del presidente de la nación no puede hacerlo en la vida real?

Hay que recordar que el papá-superhéroe es engañado por un antiguo admirador suyo, aspirante frustrado a superhéroe, y devenido muchos años después a villano.

Osama?

Estamos recreando aquí la antítesis a ciertos postulados de Moore en su Farengheitt 911?

Hace parte, esta Los Increíbles, de una extensa campaña de promoción cultural?

O simplemente nace como contraposición a la corrosiva crítica formulada por los realizadores de South Park en su TEAM AMERICA, La Policía del Mundo?

Una vez más, el cine se revuelca en sus cimientos como un palacio aún no conquistado por la parafernalia conservadora de los norteaméricanos.

La suerte está echada a favor de los derechistas, en las urnas, en las escuelas, en la mayoría de los periódicos occidentales y en la totalidad de los canales de television de la unión americana ( a excepción del consábido Sundance Channel del valiente, pero no superhéroe, Robert Redford).

La guerra continúa.

Mientras tanto, las masas enfebrecidas vitorean películas como Los Increibles, en los teatros de Nueva York. Los cine-clubes pierden el tiempo y hacen el rídiculo con ciclos irrelevantes. Arafat muere en París. Bien por los gringos. La salsa sólo pega con las hamburguesas y con los hot-dogs, y el reggaetón es el camino.

Yo hago lo mío. Trato de tener puntería.

junio 14, 2008

Las Invasiones Bárbaras

(ó el triunfo del superhombre)



Las Invasiones Bárbaras es quizá la primera película importante del siglo XXI.


 A través de un guión lleno de imperfecciones dramáticas, el canadiense Rémy Girard hace una extrapolación estética de ese medieval miedo contemporáneo al triunfo de la barbarie. 


Historia de clase media ultra civilizada que aún cree en el intercambio de ideas como forma de solucionar los problemas. 


Historia, en todo caso, para nada políticamente correcta. Se trata de las peripecias de un grupo de intelectuales, arribistas, voceros de ese reducidísimo mundo occidental lleno de líos imaginarios como el stress, el bisexualismo, la xenofobia, el apartheid, la alienación y demás construcciones simbólicas del universo progre. 


En términos francos, LIB es la película por excelencia de la paranoia del primer mundo ante el invasor. 

De todos modos, LIB esboza un mapa de costumbres sociales muy ilustrativas donde se nos muestra el fin de la utopía humanista. 


Como ejemplo, tenemos aquella escena en la que un grupo de hypsters se sientan a cenar, y a filosofar, mientras sus hijos, una yonki y un yupi, no tienen nada que aportar.


 Este grupo de exilados del siglo de las luces hablan y hablan mientras vemos las caras desconcertadas de las nuevas generaciones sin nada que decir.


 Es allí donde radica la importancia de una hipótesis. En ese silencio catacumbesco de sus herederos; en esa falta de interlocutor ante monólogos tan contundentes como la del nihilismo de la postmodernidad (ella) y la de la codicia corporativa (él). 

Se han acabado las grandes conversaciones. Muere la revolución francesa, los derechos humanos son cosa del pasado. 


La ilustración. Es lo que definitivamente nos quiere plantear la película. Esa capacidad del hombre moderno, de sentarse con una botella de vino y un buen porro a hablar mierda, ha sido relegada por el autismo consumista de la postmodernidad o ha quedado vaciada de contenidos, efecto esta nueva fábrica de imbéciles que se ha encargado de producir la cultura de masas.

Se han creado, pues, las condiciones necesarias para que el terrorismo haga su entrada y no hay nada que podamos hacer para evitarlo. 


Tal vez por eso el personaje central reitere las razones por la cuales vale la pena vivir: para dejar un legado; el arte, la literatura, el amor libre, la buena cocina, en fin, los placeres exquisitos en general, que en un momento dado podrían volver a salvarnos del oscurantismo.

Ahora, abril del 2007 d.c., la estrellada de un boeing en la barriga de las Torres Gemelas, las cárceles de Guantánamo, la decadencia de O.N.U., la tragedia de Irak, Bush, Chávez, Uribe, los movimientos demográficos y el debilitamiento de los estados ante el imperio empresarial, vienen marcando el inicio de unas nuevas invasiones bárbaras donde el diálogo de las armas va a ser el argumento definitivo ante cualquier negociación. 

Lo extraño de todo esto es que Denys Arcand, su director, no hace alusión a la religión, tal vez porque, en el fondo, intuye y comparte el triunfo del superhombre. Esa demoledora proclividad a la negligencia y al egocentrismo humanos.

LOS MUCHACHOS ESTÁN DE VUELTA


EL CINE DE GANGSTERS.


Es un secreto a voces que los Estados Unidos es una sociedad levantada sobre los engranajes de la economía especulativa. Subcontrataciones; tráfico de influencias, ciervos sin tierra. Todo ello hace parte del paisaje de las pequeñas y grandes negociaciones. Background de oro en el imperio más poderoso de todos los tiempos. 

Otros, dirían en términos más coloquiales…“El país de los mafiosos”. 

La cuestión, por tanto, es mantener el bushisnes dentro de los parámetros de la legalidad. He ahí el gran reto que han tenido que driblar grandes dealers desde La Florida hasta Seattle, desde California hasta New York, obviamente hoy pasando por Bogotá.

No es gratuito que los miembros más representatives del legendario boom de los Easy Riders ( lease Martin Scorsese, Brian De Palma, Oliver Stone) hayan hecho exhaustivas aproximaciones a este fenómeno; uno de los más importantes en la escala evolutiva del hombre. En este post disfrutemos algo de Martin en otra faceta diferente a la de sus consabidos mafiosos.

junio 10, 2008

CORRIENDO CON TIJERAS, 2006

Son los 70's una década sobrediagnosticada? De un tiempo para acá nos hemos visto abocados a todo tipo de productos comerciales provenientes de esa cápsula del tiempo, desenterrada en el patio de los que ahora estamos en nuestros treintas.
Ropa, películas, revistas, programas de televisión y bandas de rock ignoradas, hacen parte de ese nuevo revisitar la época pérdida. Para la muestra este botón: Corriendo con tijeras, la película, el sueño que a Pedro Almodóvar siempre le hubiera gustado realizar, pero que definitivamente nunca pudo ni podrá lograr. RUNNING WITH SCISSORS, lo mejorcito de aquel fértil 2006.

GRACIAS POR FUMAR, 2006

Cómo son de divertidas esas películas que, sin sacarte carcajadas, te mantienen todo el tiempo con una leve sonrisa en la boca. Una de esas sonrisas que vos no sabés si te estás riendo por la autovergüenza o por la reafirmación; una sonrisa en todo caso que te pone de patitas en el limbo de la risa y el llanto ("qué hago? Me echo a reír? sollozo? Me lanzo por una ventana?") , una de esas leves sonrisas de temblor en la comisura de los labios, que te revela en la encrucijada del espanto, la seducción y las ganas de pegarte un mordisco en el brazo.


Algo parecido a estas películas suele suceder cuando uno lee las entrevistas que le hicieron al escritor argentino Jorge Luis Borges. Uno de los grandes. Un monstruo con mayúsculas. Uno que se burló toda la vida de los conservadores haciéndoles creer que era de su equipo, hasta que un día sentenció "No creo que haya nada que conservar". Borges. El escritor de muchas preocupaciones éticas y pocas letras consecuentes. Uno que le enlodó la cara y puso en su lugar a los rojos siguiéndole la corriente a dictadores; Borges: uno que habló cara a cara con Pinochet como quien le lleva la corriente a un borracho, ó a un desquiciado, ó a un minusválido. Borges; ese mismo que dijo ante un elevador: "subamos por las escaleras que esta cosa no se ha acabado de inventar"; aquel Borges quien aseverara que los humanos moríamos inmaduros y que la prueba de ello estaba en un palo de golf entre las manos de un anciano; Borges, Borges, Borges, ese autor de Ficciones que siempre salía preocupado por la dimensión moral de sus personajes, mientras seguía incluyendo cuchilleros y héroes poco ejemplificadores en sus escritos, Borges: el dandy, cuasi inglés, que pensaba en lunfardo, el idioma malevo de los bajos fondos argentinos.

Y por qué relaciono a BORGES con la película GRACIAS POR FUMAR? Pues por los tiempos que corren. Por el cinismo. Porque GRACIAS POR FUMAR logra capturar esa esencia borgiana de criticar a quienes se auto-proclaman ilustrados santificados o santos iluminados. Con Borges tanto como con GRACIAS POR FUMAR no estamos hablando de un Alberto Fuguet que se ha pasado los dos últimos años tratando de demostrar sus cualidades humanas, mientras sus escritos demuestran lo contrario. En GRACIAS POR FUMAR no estamos hablando tampoco de un Hector Abad Faciolince tratando de venderse a la opinión pública como un escritor muy sensible, o como una víctima muy refinada y transitada por los mundos de las bellas artes.


Con BORGES tanto como con GRACIAS POR FUMAR, asistimos al espectáculo de un artista diciendo: no me merezco el Nobel, no me merezco el Oscar, pero me merezco el beneficio de la duda. Mirá, que son tiempos cínicos, compadrito!

Mirá que ahora Chávez se da el lujo de decir: "Sí, soy un tirano y qué? Tengo petrodólares, chamo; coharto la libertad de expresión y me cago en todos ustedes!", mirá que el presidente de Colombia reconoce sin ninguna clase de escrúpulos que es pro-paramilitarismo; mirá que la prensa en Colombia se está tomando la desfachatez de reconocer la injerencia católica en las decisiones estrictamente militares, periodísticas, jurídicas y civiles; mirá que Bush ... mirá qué cinismo ! Mirá!


Mirá, que en el fondo de esa gente que se hace tanta auto-propaganda de lo buena que es, tal vez haya sentimientos tan sórdidos, perversos y maléficos como en el corazón de los cínicos mismos. Acaso no será tanta palabrería, tanto drroche de buenas intenciones un mecanismo de encubrimiento?


WTC, Oliver S.

Hoy en día (siempre) ha habido una tendencia a sobrevalorar el manido axioma de que la voz del pueblo es la voz de Dios. Tal vez sea verdad; pero lo que no nos dicen es que tal vez Dios está ronco; o borracho o disléxico o cojo o manco o tullido del todo. Una demostración de ello es la poca aceptación que tuvo esta película al interior de la cultura de masas norteamericana. Acabo de verla y no entiendo por qué los newyorkers hablaron pestes de ella. A mí me pareció una obra maestra llena de sutilezas, con una narrativa rara, pero efectiva. Recomendable. La prueba fehaciente que la masa siempre es estúpida.

junio 06, 2008

HAZ LO CORRECTO,1989

Por la misma línea de Henry Bean, pero con unos tantos años más de experiencia, el afamado director, hijo natural de Brooklyn, fan # 1 de Los Lakers, rompe la historia del cine politico en dos. Los años 90’s marcarían el advenimiento de una de las voces más comprometidas. Cine subjetivo. Cine pionero. Ahora Hollywood, de una vez por todas,empezaba a temblar. 
Qué hacer cuando la música que te gusta suena, y cuando tu radio es destrozada por la mano de quién te ha maltratado por siglos?, Obvio: pues simplemente hacer lo correcto…baby.

Cine no apto para desenterados.




LOS MUCHACHOS NO LLORAN, 1999

Desde que filósofos, sicólogos y científicos promulgaran la consagración definitiva del libre desarrollo de la personalidad, el siglo veinte recibiría con bombos y platillos el nuevo mensaje de un mundo donde tuvieran cabida, tanto hetereos, como bis, trans, y como homosexuales. Sin embargo, parece que aquellos ecos no llegarían hasta demasiados lugares de Norteamérica, incluyendo el pueblo donde se desarrolla esta historia de la más desolada intolerancia; microcosmos en los confines de una sociedad moralmente, mortalmente, torpedeada. Nunca el realismo social norteamericano había llegado tan a fondo en sus afanes de conquistar nuevos límites del autodescubrimiento, para atestiguar la más horrenda de las pesadillas. 

De ñapa, una venenosa canción para los amantes del veneno como el autor de todas estas palabras. 

FESToN ( CELEBRATION ),1998

Del mismo nido donde ha empollado Lars Von Trier su cacareado Dogma 95 (cámara en mano, no luces, no maquillaje, no celuloide, bla,bla, bla) Festen se perfila como la obra hiperrealista por excelencia del cine danés. Una oligarquía casi monárquica, donde la especie humana no tiene contemplaciones en el respeto por los códigos de la dignidad establecida. Película de trapitos al sol. Familias en coma. El punto exacto donde se juntan vida y ficción.

THE BELIEVER, (2001)

Nueva York, Queens. Algún lugar de principios del siglo 21.
En el marco de un mundo convulsionado por una Guerra, que unos llaman ‘santa’ y otros ‘digna’, nos llega este relato cargado de odios religiosos y raciales. Nuestro héroe, en esta oportunidad, es un estudiante judío quién quiere negar su lugar en la tierra a cómo dé lugar.
Con importantes implicaciones socio-políticas, el jóven director de El Creyente, nos lleva de la mano de una escritura cinematográfica viva y actual. Un pulso narrativo recién salido del horno de las más minimalistas formas digitales en el arte de contar. Definitivamente una obra maestra del llamado neo boom del cine independiente.

junio 05, 2008

Joy Division memorable

Hay dos escenas claves en esta cinta. En la primera nos muestran el Plano General Largo de una calle; Ian Curtis de 23 años y Debbie, su mujer, vienen caminando en dirección a la cámara; él con una guitarra en la mano; ella cargada de preocupaciones (es la que sostiene económicamente a la naciente Joy Division y también al hogar conformado con Curtis; del mismo modo, ella es la que viene sosteniendo emocionalmente su relación de padres neófitos con su recién nacida bebita).

El contexto es ese Manchester provincial que vio nacer al microchip; vemos montañas desenfocadas al fondo y casas casi pueblerinas a los lados, la modernidad está representada con algunos autos estacionados en la vera. Él le dice a ella que puede acostarse con otros hombres, que ya la ha dejado de querer. Ella se adelanta hacia la cámara y se viene llorando; él se rezaga y también llora, pero más angustiado. Entonces entra la banda sonora y empieza a sonar la canción El amor nos hará romper (Love will tear us apart).

La otra escena clave tiene que ver con ese momento en que Joy Division ha llegado al umbral del éxito y la gente los vitorea en su ciudad natal; la banda ha empezado a tocar; el auditorio está lleno de punks cabezas rapadas con chaquetas de cuero; Ian Curtis está tras bambalinas y debe salir al escenario. No estamos hablando de un músico decadente ni nada por el estilo; no estamos hablando de un vicioso Johny Cash adicto a las anfetas ni de algún Jim Morrison que termina siendo más payaso que sus propios fans. Estamos hablando de un niño bien que se viste con camisas de cuello almidonado. Estamos hablando de una película para jovencitos del realismo social más puro y más digno de la Gran Bretaña. Pobres pero ingleses. La historia de un pepo por asimilación. Un muchacho que pasa de tomar anfetas por diversión a tomarlas por obligación. Uno cuyo único pecado es verse doblegado por la carga social que implica la institución familiar. Y ahí está. Ian Curtis con su epilepsia. El manager de la banda se ha curado en salud contratándole un remplazo. Curtis es suplantado en el escenario; los punkies silban, lanzan tomates, quieren al inocente Curtis, al niño de familia, al que se mete la camisa por dentro, al líder que, inspirado por Sex Pistols, monta la primera banda que saludó con un sonido nuevo a los años 80's; la banda que cimienta las bases de New Order y por consiguiente de la música tecno; la banda que echa la última palada de tierra en la tumba del movimiento hippy. Es el apoteosis: Curtis está de vuelta, empieza a tararear Disorder y los fans enloquecen.

Luego de eso, lo que vemos en esta película es un pliego de cargos contra el Ian Curtis-padre y otro contra el Ian Curtis-esposo y otro contra el Ian Curtis-amante. De sobra, en el guión se ve la mano de Debora, su ex-esposa quien hizo la co-producción de CONTROL. Todo un manifiesto feminista de cómo los hombres no saben amar porque son unos niños que nunca crecen.

Al final, lo que nos llevamos a casa es una excelente obra de arte, mitad documental mitad documento histórico. La pieza del rompecabezas que nos faltaba para armar el paisaje Manchester Sound. El poder de la música se siente a lo largo de las dos horas: ver Control es como asistir a un concierto de ellos, (hay que ver la cinta en un teatro, ya sea propio o ajeno) Sí, CONTROL es una comedia también; te hace reír todo el tiempo, porque te demuestra que detrás de algo realmente hermoso siempre se esconde algo realmente monstruoso. La escala de grises en su paleta no podría ser más apropiada, pues los personajes siempre están bebiendo o fumando o metiendo pastillas. Es Inglaterra, señores, y siempre hace frío, y siempre el día está gris aunque haya sol, y siempre las industrias están arrojando humo negro por sus chimeneas.

Hay tragedias de tragedias

Y mientras unos buscamos fervientemente más progreso y menos melodrama, otros buscan menos ergonomía y más corazón. Este es el caso de THE BOTHERSOME MAN, una película donde suceden tantas cosas irreales como acontecimientos excitantes en el vacío de una bombilla. La cinta perfectamente podría llamarse EN BUSCA DEL ÚTERO PERDIDO, o CÓMO EXTRAÑO LOS PASTELITOS DE LA ABUELA.

Minuto a minuto se erige todo un llamado a la humanización de la Era Post-industrial. Entramos una vez más al eterno discurso. Sociedades que se vuelven tan perfectas como tediosas. Ciudades donde no pasa nada y la gente termina suicidándose o desaburriéndose en los desvaríos del alcohol.



Sin embargo, lo más interesante de la película es la propuesta narrativa de lo absurdo, lo inverosimil si se quiere. Viene bien este relato de un joven director, JENS LIEN, (quien viajo a Londres para convertirse en una estrella de rock y terminó haciendo comerciales y documentales).

Sí. Todo lo que sucede en TBM es metafórico. Su irrespeto a los niveles de realidad es una bofetada en estos tiempos donde existe una sobre-valoración de lo "real".

Es imperante del cine o la literatura establecer esas diferencias? Yo lo dudo mucho. Pero lo cierto es que en el caso presente funciona. Funcionan las incongruencias, funcionan las contradicciones y los vacíos de antecedentes. Funcionan las mentiras! Eso es lo importante. Resultado: una entretenida película con una duración muy adecuada: 90 minutos (cada vez soporto menos los grandes rollos). 

Resultado: una película que te deja con preguntas y muy pocas respuestas; una película que te ancla en la condición humana; en esos otros mundos que están dentro de éste.

Al fin de cuentas: un pequeño banquete artístico que vale la pena subrayar.

Undefeatead

John Leguizamo es, sobrado de lote, el artista más eminente de la cinematografía colombiana. Leguizamo siempre se ha caracterizado por participar en productos intelectuales de alta calidad. En Undefeated, su debut como director, pudimos disfrutar de un Leguizamo que volvía al barrio en el sentido literal y simbólico de la palabra. Una película de factura impecable, como lo ameritan todos las producciones HBO, pero con cierto rezumar a Low Budget Movie. Y es que, contando fábulas de boxeo o coprotagonizando cualquier otro proyecto, Leguizamo nunca sufre de ese eterno síndrome sudaca de "faltaron cinco centavos para el peso". Nunca vamos a salir del teatro diciendo: "Ah, es que el sonido..." "Ah, es que la edición...ah es que la actuación".

Por demás, está el tema del boxeo. La historia se cuenta, la película se deja ver y el mensaje llega: en el mundo agringado estamos y lo más importante es agarrarlo a puñetazos. Ni siquiera es por el dinero ni por el estatus...es por el éxito... por esa terrible cultura de la palmadita en el hombro, la pesadillezca necesidad de obtener reconocimiento a costa de la caída ajena.

HABLANDO DE TERRORISTAS

Al mejor estilo de Bush y Uribe, esta película es terrorista per se. Te mete miedo; te hace sentir que ella es el veneno, pero también el antídoto.

Al margen de su poder sugestivo, también es un llamado a la sociedad civil tanto como la consagración definitiva del comic: o sea: es arte y no lo es; es cine y no lo es; es poesía y no lo es.

Es más bien narración y reciclaje de viejas ideologías. Nada recomendable para ver junto al DVD de Jaime Garzón. Las premisas se articulan tanto que uno tiende a pensar que la una es la continuación de la otra.

Ah! Y otra cosa que se me olvidaba mencionar: es tan inglesa como la reína.

junio 01, 2008

Estado Jardín (2004)

Que quede para el registro esta maravillosa obra cinemática. Cinta que empieza bien y va mejorando conforme pasan los minutos. En la mejor tradición kafkiana de las tramas patriarcales donde el héroe siempre termina confrontando al padre. Inspiradora.

Una de esas historias que a uno le gustaría ver varias veces. A quién no le gustaría pegar un grito en medio de una bobalicona lluvia de primavera?

A mí sí.