noviembre 20, 2017

Qué la inocencia nos proteja


´´Con cada día que pasa, la oscuridad se vuelve más abrumadora, se vuelve un ser más íntimo y siembra la semilla del terror´´: SABINA SPIELREIN


En estos días, hablando con una amiga, la más feminista, la más radical y competitiva desde el punto de vista del discurso de género (de hecho completamente infiltrada en el sistema de voces educativas como profesora de planta de la Universidad de Antioquia, - y digo ´infiltrada´ porque, quien hable con ella, nunca se imaginará lo feminista que es -), se me soltó mi vieja teoría, cuasi secreta, de que todas las mujeres me parecían, a la larga, unas *gallinas y especialmente las que van por ahí dándoselas de hippies. Esto en términos más psicoanalíticos, quiere decir que todas las mujeres a la larga desean ocupar el lugar de sus madres.

Mi amiga, psicoanalista de hecho, supo escucharme y no replicar. Hemos llegado a ese punto de estabilidad en nuestra amistad de no decir cosas para retarnos y, aquella tarde, ella entendió que no la quería provocar como en los viejos tiempos. Ya no hacemos eso. Antes hacíamos y decíamos cosas para vendernos mutuamente una idea del mundo, pero esa fase ya está superada entre los dos. Pocas personas en Colombia, - sí, Colombia, ese país en guerra perpetua, donde cada día la oscuridad se vuelve más abrumadora -, podemos darnos ese lujo, y mi amiga y yo lo logramos desde hace mucho tiempo. (Obviamente habiendo superado un montón de sentimientos libidinosos de por medio. Tensión sexual, como la llaman los técnicos).

El comentario simplemente se me cayó de la boca de la manera más espontánea y sincera, casi inocentemente, y ella así lo entendió.

Al llegar a casa, saqué mi cuadernito de apuntes y anoté la frase tal como se la dije a mi amiga: ´Todas las mujeres en el fondo son unas gallinas, especialmente las más hippies y liberales´.

Cerré el cuaderno y me puse a pensar por qué había dicho eso. Después de tres fallidas novelas y este blog adolescente, en l@s que me he pasado generalizando, creía superado el hábito de juntar perros y gatos en una misma bolsa. De hecho, no entendía de dónde había salido el tono levemente despectivo con que lo había dicho.

No entendía, pues no tengo nada en contra de las gallinas en su acepción más paisa, ni de las normales ni de las disfrazadas. Me gusta bastante el estilo tradicional. Me parece que ya estoy demasiado viejo para ir, por ahí, aguantándome a las personas con espíritu experimental; le creo poco a todas esas desviaciones pequeño burguesas de la clase media y tampoco puedo masticarme aquellas tendencias individuales que posan de desencantadas.

Paladeo, muy bien sí, a la clase obrera no ingenua, que no puede darse el lujo de deprimirse, gente que tiene que sacar felicidad de donde no la hay, pues es su única forma de sobrevivir; esas personas que vuelven a casa después del trabajo, se ponen unas chanclas y se consumen todas las mentiras de Caracol y RCN, sabiendo que son mentiras, mientras degluten un buñuelo con café con leche. Luego esperar a que llegue el sábado para cobrar y aspirar a una boleta del partido futbolero de turno. Gente real, vaya.

Entonces, no tengo por qué tener algo en contra de las gallinas: ME ENCANTAN, en todas sus formas. Las gallinas son gente feliz.

El tema ni siquiera debería dar para conversación.

Me quedé preocupado por haberle dicho eso a la parcera, aun sabiendo y agradeciendo de que haya aprendido a quererme y respetarme mis lapsus lingüis y yo los de ella.

Así el estado de las cosas, da más pena atacar el radio de influencia de alguien.

Entonces, desde aquel no muy lejano día, me he puesto a la tarea de rastrear arquetipos de mujeres funcionales en productos culturales como las comedias románticas.

Y buscando mujeres funcionales, me he dado cuenta de que este género cinematográfico no se arriesga demasiado con la gente disfuncional, no se arriesga con gente que no encaje, que difiera de las instituciones sacralizadamente establecidas como la familia y el matrimonio: un arquetipo que sí funciona muy bien en otros géneros como en el western, por ejemplo. El renegado que lo pone todo patas arriba.

Bueno, son cosas del capitalismo.

¿Por qué, en un género tan viril, como las películas de vaqueros, los disfuncionales funcionan y por qué en un género tan señoritero no funcionan?

Una pregunta muy pertinenente en la actual coyuntura y que habría que trasladársela a los críticos de cine y profesores (esos ´soldados que no pudieron con el campo de batalla y por lo cual optaron por volverse delatores´. Sic).

En tiempos cuando el me-importa-un-culismo ha vuelto con todo su vigor, las comedias románticas deberían incluir más a menudo la figura del personaje borde, el periférico, el que no encaja. Ese personaje que en realidad, hoy parece ser la regla y no la excepción, pero que la sociedad tira a negarlo e invisibilizarlo, cuando el sistema patriarcal y las urnas de votación se resisten denonadamente a aceptar raros.

Al cine convencional parece habérsele olvidado que todas las familias son psicóticas y que nunca falta el marica o la lesbiana o el alcoholico o el marihuanero ó el loco adelantado (en el caso colombiano, nunca falta el guerrillero o el paraco) que quiera ponerle palos a la rueda de esta locomotora a vapor en la que ha involucionado nuestra sociedad.

Lastimosamente, en el cine de chick flick, todos los anteriores arquetipos disfuncionales aparecen, pero como figurantes, de una forma pasiva, casi resignados, como si fueran espías. Unos decorados más de la tras escena, testig@s complacentes de un sistema que les adverso y al cual deberían combatir, en aras de verosimilitud.

La vida está lleno de outsiders, un montón de gente por fuera de los valores canónicos, más personas que no servirían como modelos ejemplifcantes a participar en el programa radial Mi Banda Sonora,  - que aquell@s que sí servirían-. Es más heróico sobrevivir en en mundo de perfecciones que de imperfecciones. Pero no necesitamos más héroes, el cupo está lleno. Sólo quedan las butacas de gallinero.

Al final, el psicoanálisis siempre gana y éste será nuestro reinado final. El mandato de un imperio sin gloria. Hoy agradezco que haya tanto psicoanálisis alrededor y agradezcamos que haya tantas comedias románticas sin gente disfuncional, porque la aspiración de toda mujer ´es vivir por amor y no morir por él ´, como dice Sabina Spilerein, la protagonista de Te Doy Mi Alma,  una película QUE NO ES PARA NADA UNA COMEDIA ROMÁNTICA NI MUCHO MENOS, y que nos muestra el lado B de Jung y un poco de Freud también.

Gallina: en jerga paisa, mujer que se escandaliza con las palabrotas consideradas vulgaridades y otras trasgresiones sociales menores de etiqueta, como la apariencia y los hábitos de consumo. La gallina generalmente es una mujer muy cercana a la misa de las 6 de la tarde, todos y cada uno de los domingos del año. 


octubre 12, 2017

Louis Malle, el final de la inocencia

El País de España, dixit: 

Hoy en El PaÍs de TCM nos fijamos en el director francés Louis Malle. Fue coetáneo de la Nouvelle Vague y de cineastas como François Truffaut, Jean-Luc Godard o Claude Chabrol, pero estrictamente nunca formó parte de ese movimiento.

Transitó por un camino periférico, más personal e independiente, reflexionando a menudo sobre el peso que ejerce el pasado, sobre todo el que vivimos durante la adolescencia y la infancia. En definitiva, la muerte de la inocencia. 

Comenzó trabajando como ayudante de Robert Bresson y formó parte del equipo de Jacques Cousteau, que solía decir que era el mejor camarógrafo submarino que había tenido. Entre sus títulos más destacados figuran Ascensor para el cadalsoUn soplo en el corazón o La pequeña y Atlantic City, películas que rodó en Hollywood. Un director que cosechó éxitos de público como Adiós muchachos pero sin tener que renunciar a una mirada personal.